La Infanta como saco de boxeo
Javier Salvador.Periodista
Teorías conspiratorias hay muchas, algunas son divertidas y otras sencillamente espeluznantes, pero lo que realmente llama la atención es que creamos tan poco en las garantías del sistema democrático, que podamos asumir que estamos en manos de administraciones gobernadas por políticos capaces de hacer uso de ellas a su antojo.
Por ejemplo, una de las teorías que más me ha llamado la atención estos días es el asunto de las propiedades de la Infanta. La mujer del honrado Urdangarín. Para algunos, y no son precisamente pocos, todos esos errores corresponden a un plan bien trazado cuyo objetivo no era otro que poner en duda el modelo judicial, a los jueces y su papel en este complicado momento. Es decir, si todos estamos convencidos de que los jueces caen en errores de bulto y son capaces de llevarse a quien sea por delante sólo por protagonismo o animadversión, llegarían a admitir que casos como el de Urdangarín no son más que un montaje. Y claro, de paso, pues también perderían credibilidad las causas contra Bárcenas y otros gúrteles, así como contra Blesa, el ex de Caja Madrid y otros tantos ilustres invitados a la dichosa boda de la hija del expresidente del Gobierno, José María Aznar.
Bien, pero ahí no acaba todo, porque la derivada o teoría conspiratoria no se aleja mucho de la primera, ya que según esta otra opción, -porque hay para elegir como en botica-, el asunto de la princesa fue montado de prisa y corriendo para que explotase justo en el momento en el que se conocía esa otra cuenta del ex tesorero del PP, Bárcenas, con otros 25 millones en Suiza.
Lamentablemente, y con estas teorías conspiratorias en la calle, creo que la campaña de Aquarius, la bebida isotónica de Coca Cola, no es lo suficientemente fuerte como para poder reparar el daño que algunos políticos están haciendo a su propio oficio.
Ni aunque nos invitasen a bañarnos en la milagrosa bebida que hasta algunos médicos recomiendan para las diarreas, podríamos cambiar de opinión sobre la clase política mientras ésta no grite un basta ya y empiece a limpiar su propio jardín, pero no con escoba, sino con guadaña, porque no se trata de polvo, sino de matorral y bien enraizado.
Estoy terriblemente sorprendido de que el tipo más listo de España, su majestad Bárcenas, pudiese tener otros 25 millones más en una segunda cuenta en Suiza y que la gente, tras escucharlo, no saliese a la calle para inmolarse o revolcarse de risa en mitad de las plazas por lo estúpidos que podemos llegar a ser. Porque estúpido es aquel que ve como le roban su país, su presente y su futuro, y sigue como si nada a la espera de que las cosas cambien por inercia. Con dos cojones.