La feria de Almería cambia a peor

Javier A. Salvador, teleprensa.com

Por qué nadie habla bien de la feria. Qué ha sucedido para que las fiestas mayores ya no sean esa semana de reencuentros o la excusa para venir a la ciudad desde los pueblos de la provincia. Dejando a un lado la inutilidad de los políticos al frente de la organización pregonada por unos y el éxito rotundo que sólo ven unos pocos en el equipo de gobierno, la opinión de la calles es rotunda y nada o poco silenciosa, ya que a la sencilla pregunta de ¿Qué tal ha sido la feria de este año? La respuesta más común es la de: “¡una mierda como un piano de grande!”

Y en fin, para qué andarse con tonterías o suavizando el sentir popular.

La feria de Almería irá a peor, aunque ya sea difícil de imaginar, si no se toman cartas en el asunto de una forma seria y consensuada, desde la mayoría, pero lo que está claro es que al equipo de gobierno de la capital (PP) no se le da bien esto de las fiestas populares, esas que deben ser para todos los públicos independientemente de su cartera o condición social. Y mira por donde, ese gobierno no es de mayoría absoluta, sino simplemente, lo que simplemente nos lleva a la conclusión de que tantas culpas tienen quienes la organizan de una manera que no gusta a nadie como aquellos que sencillamente la permiten de esta manera y no exigen dimisiones desde el minuto cero.

Una buena feria no se consigue estableciendo como objetivo  hacerla mejor que otros años y ya está, sino acertando en las tareas que deben llevar a ese último escalón que debe ser el de la satisfacción general. No tiene que dar miedo quitar de en medio a sus actuales gestores, pero tampoco debe hacerse por mera venganza o rencillas de viejos compañeros de partidos ya desaparecidos, sino sencillamente porque no se ha pasado el examen de la satisfacción popular, que es para lo que se organizan estas semanas grandes en todas partes de España y que en Almería se queda cada vez más chica.

Hay que conciliar, sea como sea, la feria del medio día con lo que la gente quiere de ella, pero parece que desde el Ayuntamiento se lucha año tras año para que cada vez menos hosteleros apuesten por invertir en un modelo que sencillamente sólo recibe puntapiés desde la administración pública local.

Hay que poner en marcha acciones que reconcilien la Feria con los usos y costumbres de los jóvenes de este momento, porque ellos son quienes tiran del ambiente y si no tienen más salida que el botellón porque no se pueden permitir económicamente otro modelo, o se les pone a su alcance casetas de precios populares o sencillamente se busca una forma con la que conseguir que el desmadre sea pasajero, indoloro e inodoro.

A la gente no le puedes vender una feria de cambios porque dos perroflautas de la política se vistan de refajonas, una indumentaria supuestamente típica de Almería pero de la que no vais a encontrar antecedentes históricos de más de un siglo. Para eso nos ponemos una chilaba y salimos feria a lo Jairán o directamente un taparrabos, que así lucían los habitantes de Los Millares si le queremos dar un antecedente histórico más local, pero vamos a dejarnos de chorradas para intentar demostrar que Almería es la menos andaluza de las ocho provincias y volvamos a la feria de las sevillanas si es lo que quiere la gente, la del fino fresquito, esa de las casetas a rebosar de familias porque sencillamente era fácil y barato montarlas.

Volvamos a tomar las riendas desde la calle, y si hay que hacerle un calvo al ayuntamiento se le hace, porque no podemos estar llorando por el mismo motivo desde que se abrió el puñetero recinto ferial y con la misma cantinela. Que no señores, que esto es un desastre y ya no es el equipo de gobierno quien tiene la llave para que cambie a mejor y no a peor, es la oposición quien tiene la mayoría y es hora de demostrarlo.