Huele a descalabro electoral

Javier Salvador. Periodista

Más de dos tercios de los subinspectores e inspectores de Hacienda que conozco, y son unos cuantos, son o eran claramente afines al Partido Popular o por lo menos contrarios a los gobiernos del PSOE, pero el caso Cemex o el de la Infanta Cristina está provocando deserciones en masa hacia partidos refugio del tipo Upyd o Ciudadanos, al menos de boca, por el llamado efecto Montoro, ese ministro al que todo le da igual porque el único sabio que hay en esta galaxia es él.

La mayor parte de los profesores que conozco estaban quemadísimos por un modelo educativo puesto en marcha por el PSOE en el que supuestamente faltaban muchísimos medios para poder acometer los objetivos que se contaban en los medios de comunicación como, por ejemplo, el bilingüismo. Muchos de ellos votaron al PP por primera vez en las pasadas elecciones generales de hace dos años. Ahora escupen al suelo cuando escuchan el nombre de José Ignacio Wert.

En Castilla La Mancha, María Dolores de Cospedal y sus explicaciones sobre el despido de Luis Bárcenas, el de los 40 millones en Suiza, pasa de ganar a perder y así en un montón de circunscripciones hasta dejarse en el camino en sólo dos años la friolera de 40 escaños, que es lo que se viene a llamar una leche electoral del tamaño a la que el PSOE se dio hace el mismo tiempo.

La verdad es que tampoco encuentro ninguna razón que justifique una remontada de 20 escaños del PSOE y los otro 20 que se deja Rajoy en el camino se vuelven a la izquierda, y tiene lógica porque fueron directamente votos del PSOE los que auparon al barbas.

Todo esto sucede sin contar con que en poco tiempo se ha tocado tanto los huevos a los ciudadanos, que apostaría a que el actual gobierno es capaz de movilizar a ese treinta por ciento que pasa de ir a votar y que por contra acudirá a las urnas cuan legendario tercio del imperio de los viejos Austrias, para sacarles de Moncloa y defender lo queda de esa España que antes nos gustaba y de la que ahora escapamos.

Verán, estoy cansado de escuchar a niñatos malcriados con cargo público, que no saben aún lo que es ganar un sueldo en la calle, al margen de la política, dar lecciones en radio y papel de periódico sobre lo bien que lo están haciendo y lo rápido que están arreglando las cosas, cuando en el caso de Almería gobiernan los mismos desde el último mandato de Aznar, es decir, que si tan buenos son la crisis tendría que habernos pasado por alto y no llevarnos por delante como al resto. Pero lo importante en Almería, en estos momentos, no es la gente que secuelga de los contenedores de basura para intentar sacar algo que aún se puedan llevar a la boca. No.

Lo importante en Almería, en este momento, es dar la concesión del servicio de basuras a una empresa que seguro sabrá estar muy agradecida por tal distinción.

Y claro, viendo el tipo de alcalde que hay en Almería, y que algún día aclarará lo publicado por el diario El País sobre la terraza de su antigua casa, los pagos de la obra a la Hispano Almería tan cercana a Gabriel Amat, y todas esas cosas que estoy de acuerdo con él en que se verán en los tribunales, lo de la basura no podía oler bien de ninguna de las maneras, porque se trata de eso, de basura.

Y todas esas cosas, ya sean en Madrid, Sevilla o Almería, son las que hacen sospechar que se avecina todo un descalabro electoral.

Y falta hace.