Ganar votantes
Javier A. Salvador, teleprensa consultores
La desconexión entre partidos y ciudadanos nos ha llevado a un escenario extraordinariamente llamativo, a la vez que divertido, en el panorama electoral de cara a las municipales del año que viene. Por primera vez en mucho tiempo el hecho de que el candidato sea conocido por más de un 85% del electorado en estos momentos puede ser todo un problema en vez de una señal de ventaja, como el hecho de que la experiencia ya no sea un handicap sino un foco de sospecha. Revisando archivos históricos puedes descubrir que más o menos pasó lo mismo en la transición, al salir de la dictadura. Los votantes se ganaban a base de bocanadas de aire fresco, gente nueva, porque personas que hubiesen estado en la primera fila de unos años que sencillamente el electorado recordaba como malos o muy malos no eran el mejor aval para prometer tiempos mejores.
En aquellos tiempos se trataba de falta de libertades por la opresión de un sistema. Ahora nadie te lleva a una comisaría y te infla la cara con una guía telefónica, pero eres testigo de cómo un banco al que se ayuda con el dinero de todos y manejado por los estrellas de la cúpula del Gobierno actual, te quita la casa al primer descuido y a ser posible sin avisar. Vamos, que tampoco hay mucha diferencia en cuanto al nivel de ganas de cambio.
Si nos ponemos a buscar similitudes, quizás fuerzas como Podemos son las que tiran de esas estrategias del recuerdo, de evocar la necesidad de cambio desechando el modelo anterior, casi como hizo el PSOE de un joven y melenudo Felipe Gonzalez de los años 70, y obviamente cerrar un acto en el año 2014 con ‘L’Estaca’ de Lluis Llach no es una mera coincidencia.
El hecho de que en dos días caigan vacas sagradas de la política conservadora como Rodrigo Rato con el caso Bankia o Ángel Acebes, con el caso Bárcenas y las ayudas económicas que prestaban a las empresas del incorruptible Jiménez Losantos, hacen que los mismos curas pongan en cuarentena sus apoyos tradicionales, porque mientras unos se pegaban juergas con tarjetas de crédito a costa de todos, a ellos les toca pintar alimentos que dar en sus parroquias para aquellos que llegan con una mano delante y otra detrás.
Estamos ante un verdadero reseteo de la intención de voto y la única conclusión que se puede sacar de este momento es que no hay nada ganado, pero mucho menos hay nada perdido por muy mayoría absoluta que tenga ningún pretendido señor local de la política acostumbrado a callar al pueblo con sus mayorías absolutas.
Eso, precisamente, es lo que cambia ahora porque no sólo hay que luchar por los vagos que antes no votaron y ahora se incorporan al modelo al ver que callar otorga poder al menos indicado, sino que ese cuarenta por ciento de voto que pierde el PP en estas elecciones, sí un 40% mínimo como ya lo perdieron otros en su día, busca un lugar donde acomodarse, y esos son votos a ganar.