Flipo con la lógica española

Javier Salvador, abogado y periodista

No lo entiendo. Hace unos días, Grande-Marlaska, según el Partido Popular de Feijóo, Tellado y Gamarra, entre otros grandes tótems del discurso político, debía dimitir porque el máximo responsable de la Policía hasta hace unas semanas ha sido denunciado por la presunta violación de una subordinada con la que había mantenido una relación sentimental anterior. Hasta ahí, bien, dentro de la particular lógica del PP. La puedes compartir o no, pero es su lógica: si mañana descarrila un tren, el responsable es el ministro de turno; y si el precio de la gasolina sube porque Estados Unidos e Israel atacan Irán, la culpa es, obviamente, de Pedro Sánchez por ponerse en contra de la guerra.

Pero ya me descoloco mucho más cuando seis personas mueren porque, presuntamente, un policía local de Santander, ciudad gobernada por el PP, no atiende un aviso del 112, y la primera edil del lugar trata de zanjar el asunto con un expediente administrativo contra el policía, que huele, además, al primer paso de una adhesión a las acusaciones que puedan formularse por homicidio imprudente. Imagino que el policía local debe de ser de Vox, del PSOE, de Podemos o de algún sindicato no afín, porque resulta muy raro que, con tanta rapidez, salgan en tromba señalando con el dedo al último mono del circo.

Y realmente creo que nos lo tenemos que hacer mirar, porque otra de las cosas difíciles, muy difíciles de entender es, precisamente, que los agricultores salgan a la calle para quejarse del precio del combustible. Está claro que la culpa de la subida de la gasolina también la tiene Pedro Sánchez y que el camino correcto para que baje es, precisamente, seguir aupando a esos neolíderes del campo que salen a las calles al frente de grandes columnas de tractores con pulseritas de bandera de España más grandes que su intelecto, mientras admiran cada paso y cada bomba que personajes como Trump o Netanyahu nos lanzan a todos encima.

La verdad es que estos días pienso mucho en qué habría sucedido si personajes como Abascal, el Napoleón de Vox, hubiesen estado en una posición como la que hoy tienen, pero aquel 11 de marzo de 2004. Aquel día casi 200 personas se dejaron la vida en unos trenes, y no por un fallo de soldadura ni por un descarrilamiento, sino porque unos desalmados terroristas vinieron a este país a vengarse de un presidente del Gobierno que había participado en una guerra ilegal y, como la de ahora, no respaldada por Naciones Unidas. Y el héroe de la gran historia de España viene años después vacilando y dando lecciones.

Decididamente, nos lo tenemos que hacer mirar. Porque si Abascal hubiese estado en pleno auge político aquel 11M, aquello habría sido ya la apoteosis de la barbaridad. Y para barbaridades, siempre hay alguien dispuesto a superarse.