Errejón como yerno perfecto

Javier Salvador, teleprensa.com

Durante años hemos escuchado eso de que Errejón tenía cara de no haber roto un plato. Aparentemente inteligente, buen comunicador, culto y, en su momento, atractivo para muchas mujeres. En la derecha, lo reconozcan o no, le respetaban, e incluso, para muchos, hubiese sido el yerno perfecto. Y hasta hoy lo sería, porque meterle mano a una mujer es muy de “fachas” y, en ese lado de la moral, no es delito. De hecho, no recuerdo la última vez que Alberto Núñez Feijóo o Santiago Abascal pidieran explicaciones a algún estamento de la iglesia católica por los casos de abusos o violaciones que se han hecho públicos en los últimos años. Quizás no lo recuerdo porque nunca lo han hecho.

Que Íñigo Errejón sea o no un monstruo lo dirá, más que el tiempo, una sentencia judicial que valore las pruebas presentadas contra él. Y por encima de todo debemos tener cuidado con algo tan peligroso como prejuzgar a la víctima: por qué no salió corriendo, por qué… porque, sencillamente, hay que estar ahí para entenderlo. También porque, si una mujer tuviera que darse la vuelta cada vez que sufre algún tipo de violencia machista en plena calle, viviría de espaldas. Mirarles el trasero como si fueras a morderlo, los comentarios y miradas de los cuatro babosos que juegan al pádel en la pista de al lado. Todo eso cuenta. Todo eso es violencia.

Paralelamente, hay que ser aún más cautelosos con las denuncias anónimas. Sencillamente, no se puede. Si quieres denunciar, hazlo, y si no te atreves, busca ayuda, porque la herida queda para toda la vida y sola (o solo) no se sale de ahí dentro.

A mí, particularmente, no me convence que ahora empiecen a salir casos por toda España que huelen más a un “por si cuela” que a un verdadero movimiento del tipo “¡basta ya!” o “¡a mí también!” Con esos casos lo único que se consigue es hacer aún más difícil el camino de las verdaderas víctimas, independientemente de las responsabilidades legales que pueden y deben derivarse para acabar con esa otra lacra de lo falso.

Verán, estos días vamos a vivir una avalancha de capullos en busca de gloria. Todos van a querer su rato de protagonismo y algunos o algunas van a intentar estirar la supuesta fama que han conseguido en este momento. Esto me recuerda al video de los bomberos de Nueva York que rompen los cristales de un coche mal aparcado para pasar la manguera por dentro. Estaban en su derecho, pero cuando se abre el plano de la grabación se ve que la maniobra era absolutamente innecesaria; la manguera podría haber pasado por fuera, por debajo, o simplemente haber movido el camión un metro hacia atrás. El coche estaba mal aparcado, de acuerdo, pero los bomberos sobreactuaron para conseguir un video que, en estos momentos, lleva unos 18 millones de reproducciones.

Siempre imaginé a Errejón más como ministro de un gobierno de izquierdas que en plan agresor a lo 50 sombras de Greychusquero, pero también creía imposible que un cura pudiera violar a un niño, y mucho menos a medio colegio, o que actuasen en grupo.

Esta historia es lo que es: un tipo al que obligan a dejar su escaño porque hay una acusación de violencia de género en su contra. De momento, una sola acusación, y no precisamente la que provoca su caída. Y esas cosas, como dimitir, solo ocurren en la izquierda.

En Almería, por ejemplo, hay un secreto a voces que durante años ha permanecido en los cajones de la gente influyente, incluso de medios de comunicación. Pero no era de izquierdas. Yo nunca tuve ese parte médico, ni la sentencia de divorcio en la que se reflejaban los malos tratos, que, de haberla tenido, habría publicado.

Quizás sea la hora de sacar todas esas sentencias y casos convenientemente olvidados. Quizás sea la hora de echarle huevos, como le dice un alcalde de por aquí a su oposición.