La elecciones europeas no son un juego

Javier Salvador, teleprensa.com

De derechas o de izquierdas, lo que pase el próximo nueve de mayo en las elecciones al Parlamento Europeo va a decidir qué camino tomamos en un momento crucial para nuestra historia. El día 9, desde la derecha o la izquierda, desde el nacionalismo o el europeísmo, lo importante es tener claro que del resultado dependerá si inmediatamente después somos más grandes o más pequeños.

Y no, la solución que nos ayuda a pensar y decidir el voto no puede estar en las redes sociales, en un influencer o neoperroflauta, sino en una reflexión con uno mismo, mirando alrededor, a lo que te importa y quieres defender, no votando para fastidiar al que me cae mal sin saber por qué. Mira de cara al futuro, al tuyo propio y al de tus seres queridos, con la cabeza bien alta, sea cual sea tu tendencia, sin avergonzarte de lo que defiendes, pero siendo consciente de sus efectos en tu entorno más cercano. Sobre todo, ten en cuenta que solo se evoluciona desde la garantía de la tranquilidad, la estabilidad, rehuyendo del enfrentamiento o provocaciones de quienes quieren llegar y no lo consiguen, porque esos son pescadores de aguas revueltas.

Nos encanta donde vivimos y cómo lo hacemos. En España, como fuimos los últimos en incorporarnos junto con Portugal a lo que podríamos denominar el núcleo duro de la unión, anhelamos vivir como los países de nuestro norte. Pero ellos -Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, etc.- tras la Segunda Guerra Mundial iniciaron una evolución que los españoles no pudimos disfrutar hasta la muerte del dictador Franco. Aun así, los fondos de cohesión que durante las últimas décadas venimos disfrutando son los que nos han dotado de polígonos industriales, carreteras, hospitales y todo aquello en lo que dentro del cartel anunciador ves una bandera europea impresa. Sí, no solo es un gran banco, sino que además ha subvencionado sin reclamar devolución cantidades ingentes de dinero para todo tipo de acciones y sectores.

Obviamente, en todo esto ha habido desmadres, corrupción y acciones de individuos que son utilizadas por unos pocos para desacreditar un modo de vida que nada tiene que ver con lo que era hace 30 años. Europa es un lugar al que todos quieren venir a vivir, precisamente, porque las condiciones de vida son excepcionales.

Comparto que algún límite tendremos que poner en muchos frentes, empezando por la inmigración, el equilibrio medioambiental, el coste de la administración, etc. Si el debate está en la calle, hay que afrontarlo seria y decididamente en las instituciones. Pero de ahí a permitir que la ultraderecha, que es capaz de justificar a la SS de los nazis, forme parte de un gobierno europeo, tiene un enorme riesgo.

Todos los que critican delante de ti a Europa comen de ella. Todos esos que hablan de restringir derechos a unos u otros existen y reciben fondos públicos como partidos, colectivos o sectores, precisamente por ese principio de democracia y estado de derecho del que no vale usar solo la parte que nos interesa.

Y muy mal se está haciendo como sociedad en general si toca asumir que los más jóvenes, esos que han crecido con educación asegurada, Erasmus y hasta carreras gratuitas para quienes han ido aprobando todo, sean el principal caladero de votos de la extrema derecha.