El polvo del banco
Javier A. Salvador, teleprensa.com
Tengo pendiente ir a la calle Marqués de Comillas para hacerme un selfie en el banco del polvo, el del video en el que dos personas dan rienda suelta a toda su pasión, calentón, ardor, caradura, falta de educación, ausencia de civismo y todo aquello que puedan imaginar tanto bueno como malo. Mi posición es muy clara en este sentido y para todos aquellos que crean que darle vuelo a este video o critican que se grabase, mostrase o cualquier otra cuestión relacionada con el mismo, sólo les voy a pedir que cierren los ojos e imaginen una única cosa “su hija, hermana o lo que sea, pero alguien inmeditamente cercano, en el lugar de la rubia que intenta ponerse el tanga al ver que los están grabando un porrón de personas”. Y pongo a las mujeres en este ejemplo, porque nos duele más, mucho más, ya que aún somos lo suficientemente machistas y retrasados como para ver en ella a una chica ligera de cascos y en él a un tipo con suerte y no a alguien que merece exactamente los mismos calificativos que ella.
El vídeo se grabó a 30 metros de un pub llamémoslo senior o de gente muy madura, del que sus vecinos, los que viven encima, enfrente y a los lados, están hasta los mismísimos de los ruidos que provocan las aglomeraciones a sus puertas, de la gente que se mete en sus portales al menor descuido para mear o lo que sea. Hasta los hay que cuando han ido a aparcar su coche en el garaje se han encontrado un vehículo que no era el suyo con un cartel diciendo “avise al portero”.
A cuatro metros hay una discoteca que un lunes la precintó la policía y el viernes de esa misma semana la reabrió un juez. Bien, esa discoteca tiene todas las denuncias habidas y por haber durante catorce años y sus nuevos propietarios una por ruido excesivo medido por la Policía en el mes de junio. Más de 30 decibelios en un cuarto piso. Que manda huevos.
Y ustedes se preguntarán qué tiene que ver todo esto con el polvo del banco, pues lo mismo que El Rocío y el polvo del camino, es decir, que cuando las cosas se van desmadrando y nadie pone control se pierde el origen y el destino. Y si a todos les hace gracia armar un lío del carajo en la calle, bajo la ventana del dormitorio de alguien, o que tal discoteca incumpla pero esté abierta, pues poco a poco se va pervirtiendo el sistema hasta que llegas a todo un Magaluf.
No osbtante, lo voy a poner más claro, con un ejemplo a la española, para que todos lo entiendan.
No todos los políticos son unos sinvergüenzas, pero si uno empieza con unas licencias de pub mientras eres concejal de urbanismo, luego pasas a la recalificación sencilla en provecho propio o de unos amigos, de ahí saltas a usar a tu mujer para venderle el suelo a un centro comercial, y sigues creciendo en el lado oscuro hasta que no hay obra que se haga en las administraciones que controlas de las que no te lleves el tres, el cinco o el siete por ciento, ya seas hispano o de Almería, y nadie le pone freno, pues terminas como terminas, hasta de presidente.
Como los de tu alrededor ven que te lo estás llevando caliente, pues el resto se animan y meten la mano desordenadamente hasta tener que ponerles a todos unos sueldos de altos ejecutivos para mantenerlos calladitos, sin rechistar, porque al fin y al cabo todos mojan en el mismo puchero.
Pues con el polvo del banco de Marqués de Comillas pasa lo mismo. Si estás tomando copas y ves que hay tanta gente fuera como dentro del pub, que cuando abres la puerta hay bocanadas de ruido que despertarían a un muerto, pues te pones a pensar. Pero si mientras piensas también observas cómo los locales son capaces de hacerse dueños de la calle con poner una moqueta roja y un cordón con unos separadores iguales a los utilizados en los aeropuertos, está claro que empiezas a creer que estás en un ciudad sin ley y de ahí a ver un banco urbano como un somier sin colchón sobre el que el que echar el polvo más de aquí te pillo aquí te mato que nunca echarás, al final dices eso “ande yo caliente ríase la gente”, que también se puede decir eso de anda y que os jodan a todos, que si no sabéis ni montar un expediente para cerrar una discoteca o un pub, pues menos van a decirle a nadie nada por echar un polvo en plena calle, si al fin y al cabo el resultado es un vídeo corto y viral hecho en Almería, como los que les paga la Diputación de Almería a 175.000 el lote de tres piezas de tres minutos.