Comienza la fiesta Dreambeach
Hay que dar oportunidades.
Faltan menos de una semana para que Dreambeach abra sus puertas a miles de jóvenes, y de todas las edades, que ocuparán los aledaños de la urbanización de El Toyo. Habrá retenciones de tráfico en el acceso desde El Alquián, la música sonará desde primera hora de la tarde hasta que amanezca y, además, también habrá fiesta en la zona de acampada. Es obvio que el Ayuntamiento de Almería ha gestionado el asunto directamente con el culo, pero eso, además de ser una tónica lamentablemente demasiado habitual este último año, es una cuestión contencioso-administrativa que deberá solucionarse entre vecinos y consistorio por la vía que ellos mismos decidan, y que en derecho proceda. Ahora bien, son cuatro días. Hablamos de menos que una feria de la noche. Más o menos igual que cualquier otro festival que se monta en la ciudad y que siempre se comen los mismos, es decir, los vecinos del recinto ferial. O igual pensamos que la feria del mediodía no molesta a los que viven en el Paseo de Almería.
Es cierto que El Toyo es una urbanización con unas características especiales, pero que tampoco se lleven a engaño los vecinos del lugar, que si bien ellos pagan el mantenimiento, la instalación en sí, la amortización de la infraestructura, no se sale de sus cuotas a la entidad de conservación, ni de lo que soplaron por sus viviendas. De hecho, se concibió como lugar de atracción turística para la capital. En principio albergando unos Juegos del Mediterráneo, quizás los peor aprovechados de la historia porque ya en esas fechas iba a llegar el AVE de la mano de los gobiernos de Aznar. Pero también se configuró como ese lugar ideal para albergar cosas como, por ejemplo, el Dreambeach.
Esos tipos que están montando la mayor infraestructura en luz y sonido que jamás se ha instalado en Almería no tienen culpa de los líos entre vecinos y ayuntamiento. No van a ser responsables nunca de los decibelios que desde el primer día los lugareños van a pedir que se midan cada quince minutos, ni tampoco del comportamiento de los asistentes al festival. Como mucho, serán responsables de su seguridad dentro del recinto, y poco más.
Al finalizar el espectáculo se darán unos datos de asistencia que dirán si ha valido la pena, porque la inversión en este tipo de eventos es de tal magnitud, que si no salen los números, sencillamente emigran en busca de mejores playas en las que invitar a soñar.
Los vecinos pueden tomarlo como una pesadilla o una oportunidad. Algunos han aprovechado para darse un capricho, porque han alquilado sus casas a 400 euros la noche, y me imagino que de todos ellos apenas el 3% pasará por la Hacienda Pública sus ingresos. Ya no hay nada disponible, todo está ocupado.
Cuatro días y un follón del carajo solo comparable con el fiestón que se van a pegar algunos, y la receta lógica para sobrellevarlo es: calma, controles de alcoholemia y drogas, para que no circulen kamikazes por la carretera y en unos días nos vemos y volvemos a hablar de ello.
Y si quieres ver algo espectacular, vete y date una vuelta para ver a todos los que van a intentar hacer el agosto alrededor del festival. Que esa es otra historia.