sábado. 25.06.2022

¿Despertará Andalucía de la siesta?

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

Los partidos del frente derechón, PP, VOX y CS, van a tratar por todos los medios que no te muevas de tu casa. No les interesa lo más mínimo que la gente acuda el 19 de junio a votar, porque sus cálculos pasan por seguir comiendo del castigo que el tradicional elector del PSOE le sigue infringiendo a este partido, que empiezan por las propias rencillas personales entre los propios militantes históricos y sus facciones. Algunos otros, simpatizantes, les dieron la espalda por no ver cumplidas todas sus expectativas personales, las de algún familiar o, sencillamente, porque dejaron de sentirse atendidos. Aún así, lo cierto es que entre todos ellos hay una especie de sentimiento que casi les anima a iniciar ese paso adelante que emocionalmente quieren dar, porque por encima de todo ninguno de ellos se perdonaría que la derecha más afín a los nostálgicos de la dictadura tuviese la más mínima opción de meter las manos en sus asuntos. Y ojo, ya ocurre en Madrid, Murcia y por encima de todos ellos en Castilla León, aunque la pregunta es ¿Podría pasar en Andalucía?

Lo normal, lo prudente, hubiese sido escribir estas líneas tras el debate que en unas horas volverá a enfrentar a los candidatos a presidir y a conformar gobierno con los dos único que realmente tienen posibilidades de hacerlo: PP y PSOE. Pero no es divertido tirar a lo seguro, así que les planteo escenarios a ciegas.

El más lúcido de todos los que he escuchado hasta ahora, y no viene de un experto consultor en comunicación política armado de datos y tendencias, dice que si la izquierda se moviliza lo suficiente podría darse la situación en la que nadie tuviese el apoyo necesario, a priori, para formar un gobierno con garantías, lo que llevaría a una segunda vuelta. Este es, además, el único escenario que realmente temen en el PP, porque no les preocupa pactar con Vox o que Ciudadanos pague su apoyo a los populares desapareciendo del mapa, que es lo que siempre y en cualquier país pasa cuando una pretendida fuerza de centro se apoya en la derecha y se la ve cómoda. Sencillamente se esfuman, pasa aquí, en Reino Unido y allí donde sea que se dé el caso.

Los de Moreno, que por pasar desapercibidos hasta casi han obviado el nombre de su partido en los carteles que para su campaña parezca una especie de moción de confianza a su líder Juanma, tratan por todos los medios de que la participación no se acerque ni tan siquiera al 70%. Más de eso implicaría que el voto de la izquierda sale a la calle, y por encima del 80% la cosa se les pone muy fea. Pero la natural desgana andaluza en pleno verano, día de playa, chiringuito y siesta, es como el escenario de aquella España del fascismo en la que el dictador lo arreglaba todo con buenos partidos de fútbol por la tele y corridas de toros hasta aburrir. Vamos, que a la derecha le interesa que la Andalucía de los vagos se muestre en todo su esplendor el próximo domingo, 19 de junio, y se quede de siesta.

De otro lado el PSOE, que se ha puesto las pilas entre tarde y muy tarde, es posiblemente de los peores gestores que existen en la comunicación de sus propios logros, porque no convertir en oro electoral la subida del salario mínimo interprofesional a 1000 euros, el escudo social desplegado durante la pandemia, las tres vacunas que llevamos en el cuerpo o el histórico plan de choque conseguido en fondos europeos, es para que se lo hagan mirar de verdad.

No es que el gobierno de Sánchez haga “cosas chulas”, es que han hecho en cuatro días lo que no se había logrado en décadas. Si hasta tenemos en ciernes una ley por el derecho la vivienda y otra que pondrá fin a los puticlubs. 

Un solo dato, las críticas de la oposición serán siempre más subidas de tono cuantos más logros consigue el gobierno al que intentan aguar la fiesta. Cuando se llega al insulto y al golpe de estado interno, como fue la expulsión de Pablo Casado, la lectura es que ven cómo se los van a comer por los pies como encima de todo aprendan a contarlo.

Tiempo al tiempo, que maduren las medidas y que entendamos que aún con la que cae, la gente no quiere trabajar en los bares pese a que hay paro, y seguimos yendo de bares como si la cerveza fuese gratis al mismo tiempo que nos quejamos de que la luz está muy cara. Que como esta crisis se gestione desde la derecha, volvemos a los años de congelación de sueldos a funcionarios y pensiones, adiós a las becas y la emigración de los universitarios. Tiempo al tiempo.

¿Despertará Andalucía de la siesta?
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