lunes 12/4/21
Javier Salvador, teleprensa. com

Yo creo en la recuperación

Javier Salvador, teleprensa.com

Yo creo en la recuperación. Tengo la sensación de que no nos cuentan todo lo que hay de verdad para evitar que lancemos las campanas al vuelo y con ello volvamos a liarla como ya lo hicimos en Verano o Navidad, pero algo bueno está cerca. Sólo depende de nosotros que podamos recuperar nuestra normalidad, y cuando digo de nosotros hablo de las personas, no de las medidas que nos pongan o impongan uno y otro elemento político. Y aquí es donde tenemos que parar y reflexionar.

En esta pandemia hemos descubierto que tenemos unos niveles muy bajos de honor.

El diccionario define honor como la cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo. Y la ausencia de valores fundamentales que hemos visto a diario nos tiene que hacer reflexionar porque ahora que nos vamos a reinventar, a  empezar casi desde cero en un nuevo panorama general, debemos hacer el esfuerzo de exigirnos a nosotros mismos para exigir al resto.

Estamos sobreviviendo a esta pandemia con el mayor escudo social que jamás se ha desplegado. Ayudas sociales, Ertes, y todos esos elementos que deberían servir para creer en el modelo social que durante años hemos construido, y que lamentablemente muchos han utilizado para, sencillamente, aprovecharse del sistema. Pero ya llegará el momento en el que sepamos quiénes utilizaron debidamente el dinero público y quiénes, sencillamente, se aprovecharon de ello. Es decir, que los Ertes no son para que una empresa se ahorre el 70% del sueldo del trabajador y éste siga realizando las mismas tareas durante las mismas horas, aunque trabaje desde casa.

Tampoco es muy extraño que las empresas tiren por la calle de en medio, si desde la administración se es capaz de tomar medidas de cierre tan alegremente, mientras no hay un consenso de todas las fuerzas políticas al respecto. Porque si uno dice que es bueno y el otro que, sencillamente es una locura, nunca dejamos de estar en el punto de partida.

Y aquí está la madre del cordero.

En España no se puede creer en las posibilidades de crecimiento, de recuperación, ni tan siquiera nos hemos preocupado en saber qué cojones significa resiliencia, porque sencillamente el ruido político de la oposición, el oportunismo sin honor de algunos, han generado crispación en vez de sosiego, desconfianza frente a la necesidad de generar espacios de esfuerzos en común. Las hay, incluso, que han provocado estúpidos nacionalismo donde no existían. Y eso va a tener sus consecuencias.

Cuando hablamos de recuperación podemos pensar que el CSIC, la agencia española para la investigación científica, nos va a sorprender en cualquier momento con su vacuna o antivirales capaces de contener la pandemia como si fuese una gripe, o que el dinero que llega de Europa y que PP o Ciudadanos intentaron bloquear empieza a correr. Podemos hasta imaginar que en Cataluña, definitivamente, empieza a respirarse una nueva normalidad que, queramos o no, es fundamental para el conjunto del país porque nos falta una pata sin que la no podremos coger velocidad.

Yo creo en todo ello, porque estoy convencido de que tener esa esperanza es más rentable que situarme en el escenario de que nada saldrá, en ese todo esta mal y los gobiernos locales, autonómicos o nacionales lo hacen mal o peor. Y lo pienso, creo en ello, porque hagan lo que hagan ellos, piensen lo que piensen ellos, el dinero que necesito para vivir mes a mes no depende de ellos, sino de lo que yo mismo, con mis propios medios, sea capaz de conseguirme. Más o menos como tú que lees estas lineas. Por eso quizás, sólo quizás, la clave está en recuperar primero esa cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo. Y luego ya exigiremos a los demás.

(*) Periodista, Spin Doctor, Consultor en Comunicación y Marketing Estratégico ([email protected])

Yo creo en la recuperación
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