Cómo se baja la gasolina con una huelga

Javier Salvador, teleprensa.com

Conseguir que se baje el precio de la gasolina no es tan difícil, ni tan siquiera es necesaria la intervención del Estado, o para ser más concretos del Gobierno, porque no olvidemos que al fin y al cabo ellos te representan a ti y a mi, y por lo tanto hacen uso de tu fuerza, de la nuestra en conjunto, para tomar decisiones.

Pero hay momentos en los que es el ciudadano quien debe tomar las riendas para dar toques de atención y, lo creas o no, conseguir bajar el precio de la gasolina está en tu mano. Se tarda, como mucho, una semana.

Olvida la huelga de transporte, es una huelga política en la que una facción de este país, concretamente la extrema derecha, ha comenzado a movilizar a esas partes de determinados sectores productivos en los que sabe que tiene cierta audiencia, aunque luego no les voten, para ir de juanas de arco por la vida. Así que vamos a la práctico.

Una huelga que deba tener un fin, en este caso bajar el precio de la gasolina, no es más que una estrategia de comunicación y acción, y como es muy difícil convencer con un mensaje a todos a la vez, el secreto es elegir un objetivo más pequeño.  Ojo, aunque pequeño, que al mismo tiempo sirva de lección al resto, de advertencia sobre lo que les puede pasar.

En el caso de la gasolina imaginen que en vez de hacer una quedada para apagar todos la luz al mismo tiempo como medida de protesta por los efectos del cambio climático, como se hace cada año mundialmente, sencillamente nos organizamos para elegir una marca, nunca la más grande, pero si entre las primeras del sector, a la que utilizar como víctima.

Pongamos por ejemplo a una que sea británica por eso de que se ha ido de la Unión Europea, y la decisión que tomamos es no consumir su combustible. Un boicot en toda regla. 

Si la medida es seguida por la inmensa mayoría de los consumidores, y a todos nos afecta el precio de la gasolina, la decisión de esa marca no va a ser otra que renunciar a parte de su beneficio para bajar unilateralmente el precio y volver a atraer a los clientes. Harán cálculos y bajarán el precio al ver que pierden más con las gasolineras vacías que renunciando a parte de su beneficio. El día que esa marca baje sus precios, obviamente iremos en tromba a llenar los depósitos y ellos recuperarán en horas lo perdido en días de huelga o boicot.

Qué ocurre con el resto de marcas?, que paralelamente se verán obligados a bajar también los precios, porque de no ser así estarán entregando cuota de mercado, que es lo más caro de conseguir y, además, lo harán en beneficio de aquel de quien se reían por ser víctima de una población indignada.

Y lo crean o no funciona, y pasa siempre. Nunca pescar el pez grande, sino uno mediano, con el suficiente tamaño como para no aguantar la presión más de cinco días con sus gasolineras vacías, y que pueda meter miedo al resto de sus colegas de sector o competidores, como les quieras llamar. Sólo seremos capaces de romper la unidad de precios en el mercado libre de la gasolina si somos capaces de responderles con sus propias estrategias, esto es, la unidad de consumidores.

Obviamente después de esta columna no espero tener publicidad alguna de las gasolineras, por lo menos de BP al ser británica, pero tampoco la tenía, y de lo que se trata es de que entendamos que los precios los marca el mercado y el mercado somos los consumidores. Y si cuatro insensatos, por indicación de un partido extremista, han bloqueado el transporte en España haciéndonos sufrir a todos subidas generalizadas de precios, ¿Qué tal si somos nosotros los que repartimos las cartas?

¿Qué tal si no consumimos gasolina de una única marca, por ejemplo, el próximo fin de semana?

¿Y si sale bien, qué tal si, además, intentamos por un día no consumir más luz de la necesaria para no perder la nevera? ¿Y si repetimos la jugada cada sábado, a modo de huelga intermitente?