jueves 23/9/21
Javier Salvador, teleprensa.com

Camuflaje Covid

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

Cada vez que veamos una información sobre el desmadre de los botellones, peticiones a los juzgados sobre horarios de cierre, normativas que obliguen a vacunarse a aquellos que sencillamente no quieren porque no confían en vacunas hechas con tanta premura, -yo estoy vacunado y animo a todos a que lo hagan-, tenemos que poner esa información en su justo lugar, y yo les llamo “camuflaje Covid”.

La pandemia ha servido para esconderse, para no dar la cara, no afrontar problemas reales de la gente de la calle e intentar desviar la atención. Si hablamos del caso de Almería lo hacemos de una ciudad en la que la pandemia ha servido para que el Ayuntamiento de la ciudad deje en el aire la mayor parte de sus obligaciones reales como es, por ejemplo, mantener unos servicios públicos dignos de una capital que quiere llegar a ser algo en recorrido andaluz. Calles sucias, con toneladas de hojas, papeles o botellas vacías en cualquier vía. Contenedores en los que rebosan las basuras desde las diez de la mañana, cuando se supone que las ordenanzas municipales obligan a todo ciudadano a no sacar nada hasta las ocho de la tarde.

Zonas ajardinadas que son casi bosques silvestres o calles en las que crecen a su antojo matorrales de toda clase y especie.

La cultura se ha convertido en un lujo, caro y escaso si entendemos como cultura conciertos de pago, porque los hay que no pasan de ahí en todo su universo creativo de gestión, cuando existen muchas otras alternativas para que todos puedan disfrutarla en plena calle, sin riesgos de contagios. En pueblos como Fiñana, Níjar o Serón, por ejemplo, se ha sacado la música a la calle, las plazas, como el cine y cualquier otra actividad, hasta mercados de artesanía que puedan ayudar a la gente a sobrellevar un modelo en el que ha sido tan fácil restringir, que da la impresión de que muchos ponen más empeño en estirar en todo lo posible esta situación para seguir escondidos, camuflados en la pandemia de Covid.

Podemos seguir pensando que el problema son los botellones por imágenes que llegan desde Barcelona o Vizcaya, pero tomar como referencia las excepciones es, sencillamente, la excusa de los cobardes, de los caraduras. Y claro que tienen un problema allí, pero de tanto prohibir sin toda la lógica que debe conllevar una limitación de derechos se ha caldeado tanto el ambiente que, sencillamente, han generado ollas a presión entre los más jóvenes.

Y aunque el comportamiento de muchos jóvenes es absolutamente reprobable, pero jóvenes de 18 a 40 años, paralelamente he sido testigo de situaciones terroríficas generadas por algunos policías locales que se han debido creer los nuevos Hombres de Harrelson, tipos a los que sólo les ha faltado sacar la pistola para que un niñato se ponga bien la mascarilla. Y ya basta, que esto es España y no pasamos del estereotipo de los Hombres de Paco.

Camuflaje Covid
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