Amat tenía que ser de Albox

Javier A. Salvador, teleprensa.com

Está claro que el dicho ese de “que Dios reparta suerte” fue inventado por un roquetero por aquello de que  daba un aviso de que poco les iba a quedar a los demás con el acopio de tal condición que se había hecho en su pueblo natal. Ya no hablo de que les toque el gordo de Navidad y luego también la lotería del Niño. Roquetas es el único pueblo de España en el que un imputado por el mayor caso de corrupción de la Costa del Sol, el caso Malaya, edificó un centro comercial ilegal (Gran Plaza), con una sentencia que lo declaraba ilegal, con otra que ordenaba su cierre y que en el último momento se le dejó vivir porque la sentencia era inejecutable, un término que sólo se ha escuchado en la historia de la judicatura a este lado del Manzanares en Almería, bueno concretamente en Roquetas de Mar. Como esa podría contarles unas cuantas, pero claro, tendríamos que empezar por aquello de quién era el marido de la señora que vendió los terrenos al del caso Malaya.

Desde hace años, y ya he hecho las bodas de plata en esto de juntar letras, Amat siempre ha sido vinculado con historias para no dormir, pero nunca le han condenado, aunque también es cierto que todo el que al final entra en prisión  después de haber pasado por la política lo hace gritando aquello de ¡Soy inocente! ¡Es un montaje! El problema que hay en el caso Amat es que todos saben que está ahí por lo que está, su poder económico, y que ha hecho dinero como lo ha hecho, con mucho trabajo, esfuerzo personal y desde que entró como concejal de urbanismo para luego pasar alcalde de la localidad que más viviendas vacías tiene. Y sí vacías, pero al fin y al cabo construidas. Ya saben, licencias recalificaciones, planes parciales y mucho esfuerzo personal y trabajo. Claro.

Es normal que un patrimonio crezca en 20 años, pero también lo es que repartir el juego entre más de 100 empresas para que no te pillasen con todos los huevos en un mismo cesto es obrar con cautela.

El caso es que siempre se ha hablado de que Amat estaba a punto de caer, pero nunca hasta ahora se le había investigado por delitos de estafa, cohecho, prevaricación y tráfico de influencias como se hace en un juzgado de Roquetas de Mar tal y como publica otra vez El País, pero ningún medio tradicional de Almería.

Lo que sí se publica en los medios tradicionales de Almería pero no en El País es el otro extremo, lo que hay al otro lado de la balanza y en la misma provincia. Así tenemos al alcalde de Albox, un pueblo de tamaño medio, capital de la comarca del Almanzora al que en un pispás los juzgados le han condenado a dos años y medio de inhabilitación porque no le entregaron a la oposición unos papeles de un asunto de cuando ni tan siquiera él era el alcalde. Está claro que el que asume el bastón de mando lo hace con todos los marrones que estén bajo las alfombras, pero no puede existir tanto celo en una parte y tan poco en otra, vamos que no cuadran las cosas y posiblemente sea porque el alcalde de Albox es un mero sindicalista de toda la vida, del sector del metal, que cuando deje el sillón de la alcaldía volverá a su puesto de trabajo en una ITV y no a recolectar los beneficios de los cientos de empresas con los que otros tienen relación.

Eso de que la vida es una putada no va a ser cierto al final, va a depender de que seas de Roquetas de Mar o Albox. Pero lo que está claro es que por ahora sale más barato judicialmente eso de comprarte los coches en tu mismo concesionario por muy alcalde que seas y darle los contratos a los tuyos, ya sean de palmeras o licencias de obras que parecían más aberrantes que el propio Algarrobico, que no darle unos papeles a un concejal de la oposición que todo los días pide algo distinto. Esto es sencillamente España y por ello hay veces que hasta entiendo que catalanes y otros se quieran marchar de ella. 

Ya te digo.