Almerienses llorones y quejicas

Javier A. Salvador, teleprensa.com

Hay veces, y sobre todo cada vez que llueve, que siento vergüenza de algunos almerienses. Tanta queja y tanta mariconada por cuatro gotas de agua y un par de calles inundadas. Que sí, que no hay más que quejicas y llorones en esta tierra de come lagartos. Que no nos ponemos de acuerdo.

No queremos agua, pues toma dos tazas.

Cuánto ha tardado Gabriel Amat, presidente del PP de Almería, en conseguir arreglar el déficit hídrico de la provincia. Ni veinticuatro horas. Pero qué es eso de trasvases metiendo el agua por tuberías cuando con una llamada telefónica a Mariano se cuadra ante el guepardo de Roquetas y retira los aviones de la CIA que le quitan el agua a los de Pulpí para que la suelten cagando leches sobre Almería. También es cierto que como ninguno de los dos va muy sobrao de agilidad mental y los dos se vienen arriba muy rápido, digo yo que alguien, uno de esos tantos asesores que tienen de a cuatro mil euros al mes, podría haberles dicho que tampoco hacía falta impresionar tanto, y que para callar bocas no hace falta ahogar a la gente, pero vamos, que eso son ya pequeños matices.

Al final, lo que ocurre es que los periodistas a sueldo de la Junta, los de Podemos y claro está, Miguel Cazorla, lo que buscan es cualquier excusa para cargar contra Luis Rogelio Rodríguez Comendador, que sin duda alguna es el mejor alcalde de la ciudad y prueba de ello es que no hace falta que sea el día de todos los santos para acordarnos de él y su estirpe, porque el tema del agua no se puede arreglar así como así. Y nos pongamos como nos pongamos, viente años al frente del ayuntamiento no son nada.

A ver, que hay que tener la idea, hacer un proyecto inicial para ver que tal queda y que su equipo de expertos, que son los tipos que más saben de administración pública porque nunca han trabajado fuera de ella, den el visto bueno asintiendo con la cabeza, cuadrando bien el tema para ver cómo queda en esa Almería que es todo ella y en sí misma como un enorme plató de cine, aunque luego se les pase por agua como a los chicos de Juego de Tronos. Pero no pasa nada.

Nadie puede culpar a Luis Rogelio Rodríguez Comendador, pero nadie, nadie, de lo que ha pasado con la lluvia en Almería capital otra vez, lo de Costacabana y todos esos lugares. Porque ya saben. Un paso subterráneo es eso, subterráneo, por debajo, y si la propia palabra dice que va estar bajo el nivel del suelo, hay que ser muy tonto para meterse dentro si está lloviendo. Que esto tampoco es New York. Joer.

Que los contenedores floten es un éxito, porque eso quiere decir que Almería mira al mar hasta cuando hablamos de basura. Pero ya en serio, no es lo mismo tirar tres cubos de agua al fregadero poco a poco que de golpe, como dice el alcalde, porque un vaso es un vaso y un plato es un plato, es decir, que de tal palo tal astilla y los tontos no viajan solos, se multiplican.

Y el que no entienda que Almería tiene Ave con servicio de limusina, por mucho que algunos quieran llamarlo autobús, es porque son unos llorones y unos quejicas que no entendemos que la estación de Ave nos la han puesto ya, pero en las afueras, en… cómo se llama... el Puche no, un poco más allá.

Ah! si, Granada, que no me salía el nombre coño.

Felicidades alcalde, eres el mejor y tu lo sabes.