Con dos ruedas

Javier Salvador teleprensa.es

Almería es singular. Su clima, su luz, la gente, las calles. Tiene olores particulares, casi por calles, por zonas y en muchos lugares totalmente cambiantes por temporada. Almería es un lugar donde uno puede encontrarse en sólo veinte minutos, mientras se camina por el Paseo Marítimo, especialmente en días de viento, cuando el mar arroja toda su fuerza contra costa y los surferos toman la antigua playa de la térmica. Un momento muy de aquí.

Almería está repleta de espacios que la gente hace suyos, en los que cada cual encuentra ese rincón en el que dedicarse esos veinte minutos, ese tiempo que necesitas en silencio, para tener una conversación con tu propia mente y muchas veces inducida por ese maravillo invento que se llama mp3 y que nos permite llevar la música que nos gusta, la que realmente nos ayuda a activar ese mecanismo interior que nos lanza a pensar. Muchos lo hacen andando y otros, los más desafortunados en bici.

Hace unos días, hablando de esos lugares con un amigo, le prometí que escribiría su queja particular, su condición para votar a un candidato en las municipales.

Como muchos almerienses, y cada vez son más, entre los que me incluyo esporádicamente, la bici se convierte en un vehículo de transporte urbano que te soluciona atascos y te ayuda a comenzar el día de otra manera.

Lo normal sería llegar sonriente al trabajo, con el corazón a pleno rendimiento después de haber pasado pedaleando no más de 20 minutos, que es lo máximo que se debería tardar en cruzar la ciudad de un lado a otro, independientemente del punto de origen y destino que escojamos.

El problema es que en Almería los carriles bici son obras incompletas, como casi todo.

En la capital, sin ir más lejos, sólo existen los de la Rambla, que venían con el paquete y quedaba guachi por la novedad, y el del parque Nicolás Salmerón. Sólo esos dos que, además, no conectan con nada, ni tan siquiera entre ellos. Luego está el que lleva a la Universidad, pero llegar hasta él con los críos es jugarte la vida.

Mi amigo, que es entrenador deportivo, dice que la gente no se anima a utilizar la bicicleta porque te la juegas, porque no existen carriles que lleven a una determinada zona, que te acerquen al centro desde los barrios y en los que el ciclista tenga la preferencia.

La verdad, es un poco o más bien muy vergonzoso que intentemos vender una ciudad acogedora, de grandes posibilidades mientras lo más barato, lo básico, se nos escape.

No me hagan mucho caso, pero seguro que haber hecho carriles bici que conecten todos los barrios y que te lleven hasta los centros escolares con más población estudiantil hubiese costado menos que las maravillosas farolas que nos han puesto por toda la ciudad y que aún no sabemos si corresponden a una acción de gobierno de Gial o del PP, porque ambos venden diariamente por los altavoces de sus vehículos electorales que ambos son los protagonistas de esa mejora.

Hace muy poco hubo una manifestación de bicis por la ciudad reivindicando esta infraestructura y que yo sepa nunca se ha escrito de ninguna pidiendo la renovación de alumbrado en todos los barrios a la vez. Mi amigo y su hija iban en cabeza, en la de las bicis. Están descorazonados, creían que iban a conseguir algo, pero entienden que no hay solución, que ahora está de moda hablar del tranvía y que la opción de convertir Almería en una ciudad al estilo Centroeuropa, sólo que con sol y buen tiempo, queda muy lejos de lo que dan de sí los candidatos que sufrimos en estos momentos.

Yo le digo que no se desanime, que todo llegará, que habrá un momento en el que se darán cuenta de que hay que empezar a conducir a la gente hacia nuevos hábitos más saludables, como ir al centro andando o en bici. Para entonces Almería tendrá calles atractivas por las que guste pasear, lugares que inviten a dejar el coche para los fines de semana y a utilizar más el transporte público que las cuatro ruedas que jamás consigues aparcar.

Le digo que las cosas pueden cambiar, que no desespere, que la esperanza no es otra cosa que el sueño de los que están despiertos, aunque hay veces que pienso que le miento, porque dándole vueltas a la historia y visto el panorama que nos toca, ni yo me lo creo. Me parece que seguiremos igual durante unos cuantos años más, es decir con política de posturitas, con ésa que se basa en la foto fácil y muchas obras cuatro días antes de las elecciones. Vamos que le habrán dado una nueva luz a Almería, pero siguen faltando en más de una cabeza.