Una conversación robada
Javier Salvador teleprensa.es
Hace ya unas semanas, un sábado cualquiera y no me acuerdo por qué motivo, me acerqué a nuestra redacción,-estamos frente a la taberna El Ajolí, la de Pepe para más señas, porque nadie sabe donde está la calle Padre Alfonso Torres-. Recogí algunos papeles y cuando regresaba a casa me paré a tomar una café en la plaza Marqués de Heredia, la de los burros de toda la vida. En una de las mesas de la terraza había un grupo de personas mayores. Entre ellos Luis Fernández Revuelta, que sin duda es uno de los tipos que más saben de turismo en Almería. Junto a él el dueño de Gladys y otros de la misma quinta.
Perfectamente armados de argumentos para la tertulia de su café de los sábados por la mañana,- en el grupo había por lo menos seis personas-, y la conversación no tenía desperdicio. Uno de ellos decía tener información sobre el Corte Inglés ¡información que aún no ha salido a la luz! Y apuntaba a los demás que no perdiesen de vista a Nono Amate. Otros, claro está, levantaban los brazos, haciendo simpáticas gesticulaciones, como diciendo eso de que a buenas horas viene éste a salvarnos la vida, descreídos como la mayoría de lo que esos que se presentan a alcaldes prometen cada cuatro años.
A todos nos llamó la atención, y cada uno desde su mesa nos partimos de risa, que un grupo de señoras y señores de la tercera edad se parasen en el indalo que hay en la entrada a la calle Trajano escuchando las explicaciones que les daba una guía. Les contaba una historia genial sobre el simpático símbolo y que, sobre todo, tocarlo trae suerte a quien lo hace. Nada más decir aquello todos se pusieron a acariciar la escultura como si les fuese la vida en ello y ya no sabíamos lo que más nos sorprendía, si la historia o la reacción.
Inmediatamente volvieron a la faena, desgranando punto por punto la actualidad almeriense, sus protagonistas y todo aquello que entre sorbo y sorbo de café se les antojaba.
Pero que nadie crea que los señores toman café de cualquier manera. Maqueaos de arriba abajo y con burlas hacia quien repitiese insistentemente la misma cazadora.
Su momento es su momento, especial, sincero y nada de aventuras de abuelos cebolleta. En quince minutos de espía, haciendo gala de mala educación por escuchar conversaciones de los demás, aprendí y comprendí más cosas de esta Almería nuestra que en muchas reuniones con personajillos de pro.
Hace tiempo, a uno de ellos, le escuché un proyecto perdido. Una de esas grandes aventuras que nunca vieron la luz pero que, además, tenían su lógica. Pueden creerlo o no, pero una de las personas que estaban en esa mesa perdió su tiempo y posiblemente hasta un buen dinero para realizar un esbozo de cómo sería Almería integrada con uno de sus hechos diferenciales más importantes, el mar.
En algún cajón del Ayuntamiento hay una idea que rodea la ciudad con agua, que le aporta canales y que la convierte en una pequeña Venecia del sur ¿locura? O más bien cordura y sensatez para aprovechar lo poco o mucho que tenemos. Seguro que es más realizable alguno de los proyectos de soterramiento que nos han enseñado en imágenes 3-D o ese estupendo proyecto de satélites flotantes junto al cargadero del mineral, con un gran muelle para cruceros y muchos pubs sobre el mar ¿ya no se acuerdan?
He querido contar esa pequeña experiencia, la de una conversión robada en un café, porque sin darnos cuenta, por falta de tiempo o paciencia, vamos a dejar que una cantidad enorme de conocimiento se pierda por no escuchar. Y la perderemos por prejuicios tan estúpidos como la falta de tiempo para sentarnos con esos mayores, con algunos de ellos, porque es precisamente ahora, jubilados y fuera de la vorágine diaria cuando pueden reflexionar durante más tiempo y aportar ideas de las de verdad, de las que se pueden llevar a cabo, porque son quienes más saben de proyectos irrealizables, de promesas que nunca se ejecutarán. Sencillamente porque las han escuchado todas y eso les proporciona un instinto natural para conocer lo que tiene futuro y lo que no.