Contar es contar

Javier Salvador teleprensa.es

Creía que lo único cierto, o casi único, eran las matemáticas, por ese dicho de que “no fallan”, pero ni por esas. España se desmorona. Sí. Y no por un modelo autonómico que como todo niño crece hasta la adolescencia y tras muchos errores y aciertos llega a la madurez. No.

Se trata del modelo político, de la confrontación, del juego sucio y de los mal copiados modelos de presión que en otros países y de otras maneras han llevado situar a candidatos como presidentes. Y en medio de todo ello, la España confusa.

Yo llamo así a ese enorme grupo de ciudadanos que, atónitos, escuchábamos este fin de semana los datos sobre la manifestación que el PP, perdón, el Foro de Ermua y la Asociación de Víctimas del Terrorismo, convocaba en respuesta a la que unos días antes recorría las mismas calles. A ninguna de la dos le faltaba razón, pues esto de los partidos es igual que las religiones, todos buscan lo mismo, pero con distintos nombres y modelos. Pero en mitad de todo ello están los ciudadanos, los que no estaban en Madrid, ni en una ni en otra, ni en la de esta semana ni en la de la anterior.

Según el Ministerio del Interior a la manifestación del sábado acudieron unas 180.000 personas. Según la Comunidad de Madrid, 1.500.000 personas.

Como comprenderán el asunto es preocupante, porque cuando las matemáticas fallan, la cosa se pone fea, las nubes ennegrecen y el chaparrón llama a la puerta. Alguien miente.

Pero dejemos eso a un lado y centrémonos en una cosa más de andar por casa. Rajoy sigue una estrategia clara cargando contra el presidente del Gobierno intentando ridiculizar la imagen de Zapatero tras el atentado de la T4. Ha tomado el primer tren que ha pasado por la vía para convertirlo en su particular 11-M con la esperanza de que le de resultado.

Zapatero, como respuesta, le ha lanzado una amenaza clara y contundente. El Gobierno toma cartas en el asunto y ha prometido tirar de la manta en los asuntos de corrupción urbanística. Creo que dijo que iba a ser inflexible.

En este país tendemos a asociar la clase media con el socialismo y la alta con la derecha. Pero ¿con quién asociamos normalmente la corrupción urbanística?.

La jugada, en comunicación, es extraordinaria. En un país como el nuestro, donde los celos hacia el que tiene el dinero es un deporte nacional, donde siempre tendemos a pensar que el dinero rápido se hace siempre de forma ilegal, estamos a un paso de empezar a ver rodar cabezas.

Quitando el caso de Marbella, que es más de prensa del corazón que de confrontación política, el tocino viene ahora. Una pregunta ¿De qué partido era la alcaldesa? Pocos sabrían decirlo.

Tampoco nos vamos a ir hasta las Baleares, donde el asunto empieza a ponerse muy feo y nos pilla a desmano, además, como dice un amigo mío que vive en esas tierras “lo único que salva a aquí a la gentuza es que es muy fácil salir por piernas hacia cualquier país”.

Y no hay que ir tan lejos. En lo geográfico. En esta Almería nuestra tenemos de sobra, de todos los colores, pero de aquí a las elecciones ya veremos si son las gaviotas las que vuelan en estampida o algunos se pinchan con el rosal. Yo me reservo, por el momento, mi opinión.

Ahora bien, ya no se trata de que el presidente del Gobierno convierta la corrupción urbanística en un asunto de Estado, sino lo que ha llevado a ello.

Ahora, desde el sábado por la tarde, más de una gran empresa habrá convocado gabinetes de crisis y empezarán a contar las pérdidas que están dispuestos a asumir, porque sólo una pregunta, y en plano local, ¿cuántos Pgous, en Almería por ejemplo, han sido hechos por despachos particulares, aquí o en Madrid, y pagados por empresas privadas? ¿creen que esa generosidad no tiene una reciprocidad?

Contar es contar y en estas elecciones, se va a contar más de una vez el número de políticos que han sido detenidos y encarcelados. Convertiremos los comicios municipales en el campo de batalla donde todos se acusarán de corrupción y en el que, a partir de ahora, si Zapatero cumple con su palabra, las bajas van a ser importantes.

¿Apostamos sobre quiénes caen en Almería?