Te pillé
Javier Salvador Grupo Teleprensa
Imaginen que un alcalde de una localidad costera tenga la llave, la clave para acabar con una red, aunque no sean más de dos tipejos, dedicados a eso de la presunta corrupción, presunto tráfico de influencias o presunta extorsión política. Imaginen que existe, y que las fechas en las que se le aseguraban soluciones mágicas a sus dos principales problemas a cambio de determinas e importantes cantidades de dinero coinciden con los ataques que recibió tantas veces como mandó a paseo al lumbreras que se le proponía de intermediario. Pero la historia no acaba ahí, pues por imaginar que no quede, y ahora piensen que el alcalde de esa localidad, con más huevos que Manolete, pilló por banda a dos empleados del individuo en cuestión y les habló de las particularidades de esta Almería nuestra, en la que todos no conocemos y en la que no se puede ir soltando esos presuntos despropósitos. Los empleadillos, imagínenles directores cada uno de una cosa según sus tarjetas de presentación, decían no saber nada de esas cuestiones, pero para su desgracia al poco rato apareció el menda lerenda que le fue vendiendo la solución. Casi nada. Me imagino, -ahora solo yo-, que más de uno querría comerse las rocas de las paredes en ese imaginado momento.
Pero con todos los lectores, de este y todos los medios, hay una deuda pendiente. Tenemos que explicar en qué consiste ese presunto tráfico de influencias que, en ocasiones, no es más que aparentar más amistad de la que realmente se tiene con determinados políticos. A muy pocas empresas se les ocurre presentar grandes y costosos proyectos sin saber antes las posibilidades que van a tener de éxito. Hay veces que debido al tamaño de las sociedades ese tipo de contratos se convierten en vitales ya no sólo para ganar dinero, sino para mantener sus macroestructuras que es, en definitiva, lo que les aporta contratos aún mayores.
Pues bien, es en estos momentos cuando aparecen estos negociadores que dicen haber dado de comer a alcaldes, concejales y muchos otros, además de haberles comprado coches y pagado viajes a la luna. Es decir, un 75% de fantasmeo y el resto de posible realidad. Es más, conozco a un tipo que casi todos los días se daba una vuelta por una administración pública,- subía al descansillo, esperaba y poco más-, para que luego le viese la gente salir de allí. Claro, si te lo cruzabas por la rambla y le preguntabas ¿de donde vienes “loros”? “Nada, de una reunión con el concejal”, respondía el susodicho. Hasta ahí la picaresca es normal si tenemos en cuenta que hay que tener muy poca vergüenza para vivir de esta manera.
Pero esto es como todo, cuando las cosas no se atajan van a más y es donde vienen las madres mías. El peligro está en que esas historias de vender medias verdades sobre amistades hayan evolucionado como los "pockemon" de la tele y cada vez se conviertan en algo más fuerte. La sospecha que corre estos días en Almería es que, independientemente de esas reuniones en las que se pudieron mostrar buenas o malas voluntades políticas, el cáncer está precisamente en unos escalones más abajo, que son intermedios pero definitivamente resolutivos.
El peligro está en que alguien sepa cual es la oferta del vecino de enfrente, de la competencia, antes de entregar en sobre cerrado la tuya, porque entonces sólo tienes que variar un par de cantidades para ganar el concurso. Pongamos unos 200.000 eurillos, o 130, que me da igual. El problema está en que se lleguen a manipular informes o se retrasen certificaciones para seguirle el juego a los conseguidores y es entonces cuando ya hablamos de palabras mayores, de la presunta comisión de delitos.
Creo que este es un resumen aproximado y siempre figurado de lo que se trata de averiguar estos días, si es cierto que se han dado estos comportamientos o sólo se ha llegado a la primera fase de todo ello, es decir, al fantasmeo. Creo, además, que nadie sabe a ciencia cierta si en Almería se dan los dos casos o no se da ninguno. Supongo que hay en algunos despachos ángeles desconsolados que dicen entre sollozos que han sido advertidas por su jefe con eso de “si yo caigo caes tú” pero dicen, por encima de todas las cosas, que hay un compromiso fiel por parte de un político al que mentaron padre, madre y esposa, que ha dicho que en Almería se ha llegado hasta aquí y ni un metro más. Aplausos y olé, porque una vez abierta la Caja de Pandora hay que quitar la tapa del todo y meter la mano hasta el fondo, y llegar hasta el final. Así, además, los que hayan sido acusados injustamente podrán limpiar su nombre, además de demostrar que su seriedad correspondía a su limpieza de conciencia.
Pero ya lo dijo Shakespeare “las medidas templadas, que equivalen a remedios prudentes, son hartamente nocivas cuando el mal es violento”. Dicho de otra forma, no es el momento de pactos de silencio, es la hora de llegar hasta el final si lo que se busca es hacer lo correcto.