Cada uno en su sitio

Javier Salvador Grupo Teleprensa

Pueden creerme cuando les digo que he comenzado esta columna un montón de veces. Ciertamente mi objetividad queda muy en entredicho al referirme a los hechos y persona que durante la última semana acaparan la atención de los medios de comunicación, porque yo personalmente y esta empresa, Teleprensa, hemos sido de esos muchos a los que ha intentado machacar el elemento en cuestión, con la ayuda de su nuevo colega, por no prestarnos al sucio juego que se traen entre manos y que querían acorazar haciendo uso de los medios de comunicación para evitar lo que precisamente les está ocurriendo. Nosotros dijimos que con nuestro nombre no y emigramos a tierras libres, sin contaminación ambiental. Nos refugiamos en el universo de internet y creamos teleprensa.es y su Diario Digital. Casi un año después los números son nuestra mayor recompensa: más de 55.000 lectores de media diaria y la posición 115.454 en el universo web según el ranking Alexa.com. Dicho de otra forma, somos líderes en nuestro sector, que no es otro que el periodismo digital en Almería y respiramos libertad.

El cuerpo me pide marcha ahora que veo los titulares a cinco columnas zumbándole a la persona que nos mintió y utilizó, aprovechándose del sueño profesional de un montón de periodistas. Muchos de ellos ya han salido de ese proyecto en el que, pasado el tiempo, veo que fuimos utilizamos como peones desechables con el fin de ponerles en marcha una redacción para un cuadernillo de papel que una vez en funcionamiento querían convertir en una herramienta de manipulación. Alguien ya la definió en su momento como una trinchera y no fui yo.

Lo cierto es que ha comenzado un proceso de limpieza que dicen que va a durar un buen rato y en el que a alguno se le va a recordar el camino de vuelta a casa. Y crean esto que les digo, no se pueden hacer una idea de la cantidad de personas de aquí, de Santurce y de Málaga, que están dispuestas a aportar su granito de arena, y algunos tienen verdaderos cubos, para que la ola no sólo limpie el escenario, sino que arrastre consigo cualquier resto impuro que pueda quedar sobre la faz de esta tierra llamada Almería. Llegados a este punto es gracioso ver como ahora empiezan las deserciones entre las filas de sus mercenarios, buscando un hueco en el que no quedar muy salpicados, pero se me antoja que llegan demasiado tarde.

Lo que no alcanzo a entender es cómo todo el mundo lo sabía y nadie hizo nada antes. Debo confesar que en muchas ocasiones, cuando me contaban alguna que otra batalla, pensaba que eran trolas de una leyenda negra que respondía más a la chulería del propio elemento que a hechos, porque tanto el elemento en cuestión como su coleguita tienden a engordar su grandeza un trescientos por cien para así impresionar al resto de mortales, pero al final, tarde o temprano, a cada cerdo le llega su San Martín.

Desde hace una semana Almería es portada en las emisoras de radio nacionales, en todas, porque ahora ninguna onda quiere quedarse como un cero a la izquierda. La situación va a empeorar, y mucho, porque el PSOE ha abierto una puerta por la que muchos quieren entrar, aunque no todos tienen el mismo objetivo, sí utilizarán un vehículo común.

El otro día me preguntaban si estaba contento por todo lo que estaba sucediendo y, la verdad, no es que me desagrade, pero tampoco le he deseado nunca a nadie más mal que el me han hecho a mi mismo. Desde hace muchos años vengo encontrado en la lectura ese amigo que te da enseñanzas casi gratuitas, sin cobrarte más pago que el tiempo que le dedicas. De Rousseau me quedo con la que puede ser una de sus citas más célebres en Emilie, cuando decía eso de que la paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces.

Almería es una tierra muy peculiar, siempre se ha dicho que es tan pequeña que tarda muy poco tiempo en poner a cada uno en su sitio. Esto tiene una explicación muy clara y no es otra que entender que para vivir aquí sólo tienes que dejar vivir a los demás. Almería es corporativista. Todo el mundo conoce a todo el mundo y de una forma u otra se termina sabiendo quien eres. En Almería es relativamente fácil triunfar si eres generoso, si aportas algo constructivo de interés común, si creces con juego limpio. Pero ojo, cuando la armas, el hecho de que sea una provincia tan pequeña en sentido filosófico se convierte en un problema, porque tus enemigos y los que no lo eran se agrupan terriblemente rápido para ponerte mirando a Bilbao.