Procesar el proceso

Javier Salvador Grupo Teleprensa

Hay algo que al PP parece salirle bien, aunque puede tener un coste político muy alto, demasiado alto diría yo, como no le salga con precisión mecánica la jugada. Pero lo peor de todo es que, si aciertan, las víctimas vamos a ser todos. Me refiero al rifirrafe que se está montando con el proceso de paz en el País Vasco, a esa manía de juzgar, procesar, cualquier paso que se dé en el camino emprendido hacia la paz que no sólo afecta a los vascos, sino a todas aquellas comunidades o ciudades en las que se han cometido o intentado cometer atentados. Almería entre ellas.

Y parece que le sale bien porque está sembrando la duda entre todos los ciudadanos sobre el procedimiento y si al final habrá o no retirada de ETA. Bueno, la duda no creo que esté realmente en si habrá retirada de la banda terrorista, de lo que todos estamos casi convencidos, las dudas están sobre el tiempo que se va tardar en concluir el asunto en cuestión porque el clima político va a hacer el aire irrespirable y no sólo por la guerra entre partidos que se va producir, -todos contra el PP-, sino por el enfrentamiento que se va a generar en la ciudadanía en general, entre cafés, en comentarios de unos y otros y hasta en el seno de las familias. Y paradójicamente ese enfrentamiento se va a producir fuera del País Vasco, porque allí lo tienen todos muy claro y en lo único que piensan es en terminar ya, de una vez, con una losa que les lleva aplastando decenas de años.

Les cuento esto porque ayer, domingo, a falta de una carrera de Alonso o de un partido del próximo mundial, que diluirá cualquier asunto mientras España siga viva en las fases eliminatorias, el espectáculo fue ridículo y hasta de mal gusto. Uno, Rajoy, le endiñaba al PP y le advertía que le había dejado las manos libres para actuar porque los suyos estaban hablando con los terroristas de HB. El PSOE, desde otro lugar que ahora no recuerdo y por boca del presidente del Gobierno, Zapatero, lanzaba mensajes de ánimo a los suyos porque, al parecer, ha habido contactos con Otegui como representante de HB, o como quiera que la llamen ahora.

El tema es cachondo, porque la base de todo este embrollo es que del proceso de paz, oficialmente no se debe hablar con el citado Otegui en su vertiente de representante del brazo político de ETA. Es decir, que está ahí, anda por la calle, tiene mil causas pendientes, le vemos todos los días en las noticias y no se puede hablar con él si llega con la pegata de ese partido. El partido en cuestión está inscrito en la lista de grupos terroristas de la UE, y eso bloquea cualquier posibilidad, pero una vez me enseñaron que si se negocia de una forma contributiva se diseña un recorrido en el que se busca, sin más cojones, un punto donde encontrarse todos y centrar acuerdos.

A mi, desde Almería, me da igual que Otegui se ponga la pegatina del sindicato LAB, del Partido Comunista de las Tierras Vascas y hasta de HB o de como leches se llame ahora. Lo que realmente quiero es a ese pollo jugando con las mismas armas que el resto. Que si quiere protagonismo sea porque su partido, sea legal, gane unas elecciones, consiga más votos que nadie o lo que sea. Pero parece que no nos damos cuenta de una cosa básica.

En el momento en el que a este señor le quitemos el ruido de las bombas, de las armas y todo lo que representan, el grupo o grupos con los se les vincula o representa, el individuo en cuestión desaparecerá porque tendrá menos votos y notoriedad que los independentistas en Andalucía.

Ahora, lo que no me parece bien es el juego que se traen entre los dos líderes políticos más representativos de este país, uno intentando recuperar puestos en las encuestas y el otro mostrando su cara más amable para mantenerlos. Me parece, además, que el calor del verano va a caldear mucho más los ánimos.