El “statut andalut”
por Javier Salvador Grupo Teleprensa
Los almerienses, como el resto de andaluces, vamos a vivir una interesante semana en esto de la política regional. Los inicios en las conversaciones a nivel parlamentario en este sentido, en las que hoy las emisoras de radio ya avanzaban que el PP no está conforme con el modo de hacerlo (depende de la emisora que escuchemos se trata de un descaro de los populares o de un intento de salvar a España como nación y ahí nosotros no entramos), nos van a llenar el vacío que sentimos cuando llegamos a casa deseosos de encender la tele para ver cómo se parten la cara nuestros políticos, enterarnos del número de muertos que hubo en Irak el día anterior y si al final o no hay congreso de HB, pseudo Eta o lo que cojones quieran que sea, en Bilbao. Menos mal que, al final siempre nos ponen las canastas de Pau Gasol, que eso si llena de verdad.
Pero el problema va a venir ahora, cuando empiecen las cantinelas sobre el estatuto de autonomía de Andalucía, unas negociaciones tan cruciales para la vida de los andaluces que se si las sacamos del escenario parlamentario se quedan en nada, porque los andaluces tenemos otros problemas y me creo que éste no es uno de los que más nos preocupe en estos momentos en los que el precio del suelo, la sangría de las empresas inmobiliarias de otras comunidades y los precios de nuestras hortalizas en el extranjero sí ocupan una parte más importante en nuestras mentes.
Y tengo que confesar que se trata de mentes confundidas. Por lo menos lo está la mía, porque al mismo tiempo que hablamos de ser más globales en el escenario mundial, nos hacemos más pequeños internamente. Porque si sólo fuese una cuestión de DNI, de identidad cultural, pues no sería tanto el ruido que se arma con estos asuntos.
Y sobre cultura, los andaluces podemos hablar, pero claro, también con confusión. Yo creía que descendíamos de los árabes, pero no, la Iglesia dice que no es así, que los moros se piraron y que la última nave, que no patera, salió de regreso a su norte de África nada menos que desde Adra (Abdera antes). Y creo que por eso no tenemos un idioma propio, aunque nos cueste muchas veces entendernos a pocos kilómetros a la redonda, pero tampoco nos importa. Es más, creo que en vez de aprender de las otras comunidades que luchan con uñas y dientes contra Madrid, tendrían que aprender un poco de nosotros, los del sur, que creo que hemos sabido mejor que ninguno tirar por nuestro propioa camino, sin molestar mucho al vecino y, además, sabiendo que desde Madrid más bien podemos esperar poco.
En fin, que ya les contaré algo más de esa enorme polémica que nuestros parlamentarios se van a crear entre ellos mismos a lo largo de esta semana. De alguna forma tienen que justificar el sueldo. Digo yo, aunque igual tenemos suerte y nos venden algo más interesante de aquí al jueves.