Rubalcaba sin músculo
Javier Salvador, periodista.
Si estas elecciones generales se hubiesen celebrado en otro escenario político, sin crisis, lo cierto es que hubiese sido tan interesante como divertido el análisis de las encuestas, porque habrían dado un empate técnico muy particular. Los dos candidatos son buenos. Rajoy parece haber encontrado un perfil más o menos atractivo, pero en mi opinión le mata lo que le rodea, es decir, que puedes sentirte atraído por su capacidad de presidir un gobierno, pero frente a su teoría de la salida y del buen rollo te encuentras con la realidad de su gente, por lo menos en los lugares que conozco, donde austeridad, justicia, imparcialidad, transparencia y todas esas cosas que ponen en su programa son eso, frases de un programa.
Pero el caso de Rubalcaba es aún peor. Si hay un tipo al que ves trabajador, capaz de tomar las riendas con la determinación que le faltó a Zapatero es a él, pero cuando miras su entorno más cercano y te fijas en quienes les representan en las provincias que conoces, terminas por darte cuenta de que el grito del 15M, aquello de que los dos son prácticamente iguales, tienen poco de cántico y mucho de realidad. Es decir, fíjense en los cabezas de lista de sus provincias, en los alcaldes, presidentes de diputación o de comunidad y reflexionen sobre si son la viva imagen de lo que representan Rajoy o Rubalcaba ¿A que no?
Al PSOE se le han perdido 2,5 millones de votos durante la crisis económica. La mejor forma de recuperarlos es, precisamente sacar a Felipe González a pasear y que un sabio de nuestro tiempo le ponga algo de sensatez a esta historia. El problema es que Rubalcaba no tiene a un Alfonso Guerra organizando la campaña ni a un partido partiéndose la cara en la calle como en los 80. En vez de ello, puedes ver a los candidatos a las ocho de tarde haciendo compras en un centro comercial, cuando no están de reuniones para ver como quitar de enmedio a los que más les van a molestar en estos años en los que no van a tener nada para repartir. Sí, el PSOE ha pasado de salir a la calle a partirse la cara a dedicarse por entero a partírsela entre ellos mismos.
Y esto no acaba aquí, porque si los resultados finales casan con las encuestas, y lo harán, la guerra por el poder en Andalucía para ver si cae Griñán antes de las elecciones autonómicas va a terminar de machacar lo poco que les queda.
En estas elecciones hay dos hechos que son para lamentar. Por una parte que Rubalcaba no va a tener una oportunidad real porque su partido no le sigue, se han vuelto vagos, y por otro que el PP quema un cartucho que sí le hubiese aportado unos puntos de diferencia en época de escasez, como es la presencia de Alberto Ruiz Gallardón en el próximo gobierno, un arma de enorme efecto que no tendrán que utilizar porque su única tarea es mantener su cantera de votos tal cual está desde hace años, ya que las pérdidas del PSOE hacen su trabajo de maravilla.
Rubalcaba se presenta a estas elecciones sin músculo, con cabeza, pero sin músculo, y aunque el PP esté relajado y tampoco se esté rompiendo el pecho en la campaña, lo cierto es que a ellos, a la derecha, les sobra fuerza y fondo en estos momentos. Lo que sí será un buen dato a analizar es saber la diferencia entre PP y PSOE el 20N, porque puede ser el punto y final o punto de remontada, y eso tiene su importancia.
España va a vivir en la calle los recortes, el nuevo modelo laboral, las privatizaciones y todo aquello que irremediablemente tiene que venir y mantenerse, por lo menos, durante unos años, pero si la mayoría absoluta no es aplastante puede que este gobierno entrante sufra el síndrome griego, es decir, que dure poco.
Y ahí está la verdadera gracia de este historia, porque si hay sorpresas, estamos ante el fin de bipartidismo en España, que dicho sea de paso, ojalá lleguemos a ver.
Lo que no alcanzo a entender es que si tras la crisis lo que más nos preocupa a los españoles es nuestra chusquera clase política, cómo carajos seguimos en la senda de las mayorías absolutas.