Lorca tiene que ser el ejemplo
Javier Salvador, periodista
Diez muertos, ocho, la cifra es escalofriante, y aún más si cabe lo es ver un terremoto en directo, a gentes heridas en las calles, cadáveres tapados con mantas térmicas, periodistas que corren porque mientras retransmiten en directo el suelo vuelve a temblar y se les cae un campanario encima. Y lo peor de todo es que no son unas imágenes que nos resulten ajenas o infrecuentes, lo peor de todo es que ha ocurrido a pocos kilómetros de nuestras casas, lo realmente duro es intentar entender que a las doce de la noche en los informativos se lanzaban mensajes por las televisiones en los que se pedían mantas, agua, comida y no para Haití o un país en subdesarrollo, sino para Lorca, ahí mismo, una ciudad por la que yo mismo pasaba hacía pocas horas y por la que volveré a pasar hoy.
Tenemos una renta per cápita indudablemente, un ejército que ayuda los países que sufren este tipo de desastres. Repito, no alcanzo a entender salvo que sea por un estado de shock o nerviosismo incontrolado, que nada más tener las mínimas informaciones sobre el alcance de lo ocurrido no despegasen de los aeropuertos aviones de carga con ayudas de primera necesidad si la situación es tan descontrolada, que las policías y bomberos de las 30 ciudades más cercanas no envíen un retén de apoyo y que desde algún centro logístico, de la docena que hay en los alrededores de Lorca se empiecen a sacar camiones con botellas de agua y todo eso que demandan en un pueblo que más bien es una ciudad y que ha pasado la noche en la calle.
Olvidémonos de la campaña electoral y organicemos, de manera ordenada, que Lorca tenga en menos de 24 horas todo lo que necesite y un poco más, si eso les ayuda a recuperar un poco de calma. Policías, médicos, psicólogos o helicópteros para trasladar a heridos a hospitales, autobuses para trasladar a personas que no tengan donde quedarse, o que quieran alejarse por miedo, a hoteles de zonas cercanas.
¿Pero en qué estamos pensando? Ya evaluaremos si la alarma ha sido excesiva, si los servicios de emergencias han funcionado como un reloj, pero la primera tarea es ayudar a que regrese la calma, y la única forma de hacerlo es hacer sentir a la población de Lorca que están tan arropados que puedan sacar pecho ante una desgracia de esta magnitud. A Almería, Alicante y Albacete les toca el papel de ponerse una venda en los ojos y trasladar todo lo que sea necesario, y que tras ellos hagan cola ayudas desde Málaga, Granada, Valencia y Toledo si hace falta.
No tengo ninguna duda de que ayer noche ya habría medios suficientes desplazados por las distintas administraciones para atender a toda la población, pero la angustia que trasladaron algunos medios de comunicación a medianoche al resto de la población, a esos que nos encontramos a kilómetros de distancia fue de tal magnitud que deseo por encima de todo que estuviese sobradamente justificada, porque de no ser así flaco favor hemos hecho a aquellos que tienen familiares en esa ciudad y que por cualquier circunstancia no pudiesen contactar con ellos.
Mesura, porque la desgracia es de unas proporciones que no podíamos imaginar que se diesen en nuestras calles, pero Lorca no es Haití y España no es un país subdesarrollado, sino una nación tan desarrollada que es capaz de ayudar a otras cuando sufren alguna catástrofe de este tipo y que sabrá estar a la altura cuando toca ocuparse de los suyos.
Lorca tiene que ser ejemplo de para qué estamos preparados, y cuando evaluemos el resultado de lo hecho la única nota que podemos permitirnos es un sobresaliente.