Colegios tramposos

Javier Salvador, teleprensa.es

Hace unos días, en unas jornadas formativas, un profesor de la Universidad de Bolonia le decía a los asistentes que en España el fraude fiscal se estima alrededor del 23%, que en Italia la cosa baja hasta el 17 y que en países que tiran del carro, como Alemania, esa misma tasa es de apenas el 2%. Luego hay países como Dinamarca, Finlandia, Noruega o Suecia, donde eso del fraude es casi anecdótico, muy por debajo de Alemania, que ya tiene datos muy clarificadores. Es decir, que queremos ser como los demás, tener las mismas oportunidades y expectativas, pero no renunciamos a nuestro puntillo cafre.

Y el otro día me preguntaba dónde empieza todo y esta semana me he dado cuenta de que el inicio es bien temprano, que ya desde niños se les enseña a hacer trampas. Me refiero a esas sanciones que Educación ha puesto a colegios concertados de Almería, es decir, centros privados que reciben dinero de la administración para que entren dentro del sistema de gratuidad y con las mismas reglas de juego. Y todos sabían, sabemos, que mensualmente se pagaban cuotas en concepto de asociación o cualquier otro velo que esquivase la ley para no renunciar a esos ingresos extras. Todos sabemos, que es muy difícil entrar en esos colegios siguiendo los criterios legales de proximidad del centro y todas esas cosas, pero nadie hacía nada.

Si un centro quiere ser privado que lo sea y si un padre quiere que su hijo asista a un determinado colegio porque le otorga cierto prestigio me parece bien, pero que lo pague o que se atenga a las reglas de juego. Conozco casos de alumnos que viven muy lejos del centro concertado al que acuden, que utilizaron todos los enchufes posibles para entrar o que falsearon direcciones para acceder a ellos. Pero lo lamentable es que eso también ocurre en centros públicos.

Y sí, eso es hacer trampas, estafar al sistema y si desde niños les enseñamos que la norma o la Ley es algo que independientemente de lo que te diga puedes saltártela si eres lo suficientemente sinvergüenza, pues mala semilla estamos sembrando y peores serán los frutos que recogeremos.

Es un secreto a voces lo que ocurre en los centros concertados con las cuotas y sus sospechosos procesos de admisión. Es un secreto a voces lo que ocurre en los colegios públicos con las plazas, los domicilios aportados y toda la parafernalia que montan los papás para ir de listos, y me parece cojonudo que por una vez en la vida se ponga fin a la barra libre de la pellejería.

Me molesta profundamente que colegios que son gestionados por órdenes religiosas participen de esa fiesta, que hayan consentido tales prácticas cuando tenían otro camino muy claro para seguir, que era el de la enseñanza privada. El vértigo que produce el dinero sudado, el generado honradamente, es terrible y algunos creyeron que podían picar de los dos bandos, pero ahora parece que se le pone fin.