Menos gresca y más pito

Javier Salvador, teleprensa.es

En la Real Armada, aquella que mantenía las rutas marítimas de las Españas, cuando existían virreinatos y marinos que afrontaban temporales en puentes descubiertos, recibiendo raciones que no paraban para nada sus capas alquitranadas, cuando no había tiempo para discusiones, y se suponía que todo estaba claro y sólo quedaba trabajar, se decía algo así como “mucho pito, velas al viento y honor”. Lo de pito no era nada referido a atributos sexuales, sino al silbato del contramaestre, el hombre que daba órdenes con pitidos que todos entendían por las buenas, porque las malas significaban algo tan poco recomendable como una de azotes poco paternales atado a un cañón de la cubierta principal y a la vista de toda la dotación del barco.

Y eso, lo de mucho pito, velas al viento y honor, es un poco lo que se espera de los partidos políticos en estos momentos. Pero no de uno u de otro, sino de todos, porque la fiesta que se están pagando la pagamos los ciudadanos y ya toca ponerse serios. Utilizaremos Almería como ejemplo, pero pueden poner en su lugar cualquier población desde Tarifa (Cádiz) hasta Begur (Girona), porque en todos los pueblos y ciudades están sirviendo las mismas raciones de rancho.

El PSOE parece que ha pasado su particular tempestad y que finalmente llega a puerto un poco dañado pero sin perder la arboladura. La pasada semana, en Almería, quedaron las cosas claras y fue Sevilla, la de Griñán, la que puso orden dejando claro que hasta el verano de 2012 no hay modificaciones en ejecutivas provinciales. Más o menos se traduce en que Diego Asensio, secretario provincial, tiene dos años para hacer que su partido ponga rumbo a la remontada y surque los mares de la desilusión general si mirar por popa, aún recibiendo algún cañonazo de un barco de su propia flota, ahora convertido en traidor y corsario porque no tiene más causa que su propio beneficio. Pero así están las cosas. Dos años.

Por otro lado el PP, que va de sobrado en la capital, no hace cuentas como debe y parece olvidar que son muchos los años que muchos de sus correligionarios han masticado el polvo de la oposición para que les vuelvan a dejar en puerto ahora que soplan vientos favorables. El desencanto es tal que viejos generales relegados al almirantazgo hacen llamadas a los pueblos para tranquilizar a las masas y decirles que no se preocupen que los candidatos presentados, como los apadrinados por Rajoy en la población almeriense de Viator no son definitivos. De hecho alguno que salió en la foto ya ha sido desembarcado y otros miran hacia José Luis Aguilar, un histórico, para ver si todo quedará así y dará el golpe en la mesa que le esperan.

En medio de todo este lío, mientras entre los grandes se preparan para una batalla sin igual, penol a penol, están los independientes. En Almería podemos contar el caso del alcalde de El Ejido, Juan Enciso. Los suyos preparan su guerra particular, que se asemeja un poco a la resistencia de Cádiz cuando los franceses querían tomar a toda costa el último reducto de la España libre. Así, a falta de grandes unidades de dos puentes, los de El Ejido se equipan de lanchas cañoneras para meterse por ríos y salientes para bombardear al enemigo y mantenerles fuera de sus dominios. Esto quiere decir, para que me entiendan bien, que los números vuelven a cambiar y las hipótesis sobre el Poniente vuelven a ser distintas y parece que todo lo que quede desde El Ejido hacia las tierras por las que se pone el sol puede ser prescindible, ya no tanto por la fuerza del regidor imputado, sino por lo díscolos que le han salido al PP su dirigentes de ese lado.

Con ese panorama los partidos tienen que plantearse muy seriamente lo de mucho pito, velas al viento y honor, porque todo lo que parecía que ya estaba escrito se lo ha llevado el viento y a ciencia cierta nadie sabe nada. Y es ahora cuando entra en juego el ciudadano, el hombre y la mujer de la calle que vota en las urnas y que espera decisiones y acciones reales de los partidos para decantarse y esa guerra se va jugar en los medios de comunicación, en internet, sobre todo, porque la gente no está para comprar periódicos. Ahora sólo les falta generar mensaje, pero quizás sea ahí donde fallen, en que aún no han dado con lo que quiere el ciudadano porque estaban demasiado pendientes de lo que querían en sus propios partidos.