Todos querían ser ricos
Javier Salvador, teleprensa.es
A Luis Caparrós, delegado de Vivienda le va a caer la del pulpo o más bien, el pulpo se le ha enroscado en el cuerpo, -es un octópodo muy grande-, porque ahora tendrá que aclarar de manera mucho más fina, clara y que sea compresible para todos, qué quiere decir eso de que se hará lo que se pueda con las viviendas ilegales del Almanzora. Habrá que saber si los juzgados caminan en la misma dirección que Vivienda, pues parece que no, ya que los colectivos de afectados o supuestas víctimas de las viviendas ilegales están convencidos de que con una norma llovida desde Sevilla sus casas van a pasar de ser legales. Y no parece que sea así, y por el bien de la provincia de Almería tampoco sería bueno que así sucediese.
Durante años Almería ha sido más que nunca esa tierra sin ley como la que veíamos en las películas del viejo oeste americano rodadas en Tabernas. Nadie sabía nada de nada y los británicos picaban como moscas alentados por jóvenes agentes inmobiliarios de su propia nacionalidad que se anunciaban en periódicos editados en inglés. Si se anunciaban en esos medios de comunicación nadie pensaba que sería nada ilegal, porque se estaba haciendo a la vista de todo el mundo. Puestos a convencerse de la absoluta legalidad, sólo había que pasear por esos pueblos, donde era imposible que sus alcaldes, policías, técnicos municipales y demás involucrados no viesen las urbanizaciones ni los enormes carteles publicitarios que las anunciaban a pie de carretera. Para más coña, entre los empresarios, Tomás Zurano, con alto cargo en la asociación regional de promotores, presidente del Círculo de Empresas Andaluzas de la Construcción, Consultoría y Obra Pública (CEACOP), ¡un líder empresarial!, era uno de los más activos promotores. Nadie veía nada porque todos querían ser ricos, muy ricos, y la promoción inmobiliaria a cualquier precio era la gran mina de oro.
Todo el entramado cayó al suelo con la Operación Costurero, en Zurgena, donde salieron a relucir nombres como el de Blas Díaz, ex delegado de la Junta, senador y hasta presidente provincial del PSOE. Sus conversaciones con Zurano, detenido ese día por la Guardia Civil, salieron en los medios de comunicación y aquello parecía indicar que los ayuntamientos caerían uno tras otro. Arboleas es sólo uno de ellos.
Pero tras aquel golpe empezaron una serie de movimientos, reuniones con alcaldes recién llegados, buena parte de ellos del PSOE que habían ganado a otros del PP a los que se culpaba de la crisis comarcal provocada por las viviendas ilegales. Se habló de un inventario de casas en suelo no urbanizable para, más tarde, encontrar la fórmula de adaptarlas a una situación de legalidad y Caparrós, delegado de Vivienda, estaba en todas ellas.
¿De qué forma puede hacerse legal una casa ilegal? Podrá haber modificaciones en normas, pero será el poder judicial el que determinará si hay o no lugar para nuevas interpretaciones para sumarios que ya se instruyen. Mientras todas esas casas se edificaron hubo miles de denuncias que ahora son sumarios y que, en muchos casos, han llevado a completas investigaciones con teléfonos pinchados y todas esas cosas que creíamos que sólo hacía el FBI. Pues no, aquí los del tricornio y la policía nacional también se las gastan bien.
El problema de las viviendas ilegales no es un asunto político. Tampoco se trata de una cuestión de imagen de la provincia, se trata de nuestra realidad, de corrupción y por mucho que pese se debe llegar hasta el final, aunque esa última etapa signifique sacar las palas mecánicas y tirar viviendas en el peor de los casos, o hacerles pagar una factura tan ejemplarizante que nadie se la vuelva a jugar.
No valen los pactos en este momento por muy cerca que estén las elecciones municipales, pero sí hay que dejar claro en estos momentos si la solución es judicial o política y asumir las consecuencias de una u otra de una vez por todas, porque el hecho de que caiga un ayuntamiento de Almería cada dos semanas bajo la sombra de la corrupción es mucho peor que cien reportajes llamándonos estafadores en el Reino Unido.
Y llegados a este punto lo único que le queda al delegado por decir es cuántos ayuntamientos de la provincia de Almería están en la misma situación o parecida a la de Arboleas, Sorbas, Zurgena, Huércal Overa, Vera, El Ejido y ese largo etcétera que nos quita el sueño cada dos semanas.