España despierta

Javier Salvador teleprensa.es

Mientras la España política cambia el rictus ante el toque de atención dado por el Rey, -ha dicho algo así como “estoy hasta los huevos” de fachas, extremistas catalanes y otros de igual calaña-, las grandes fortunas de la burbuja inmobiliaria ríen ante la caída de uno de los grandes, Llanera, pero miran con miedo sus previsiones de pagos, cobros pendientes y dinero en caja. Antes se miraba la capacidad de endeudamiento, pero los bancos han vuelto a mostrar esa cara que nos retrotae a la Inglaterra de los años 1.800, cuando los bancos eran más bien casas de usura. Es decir, que España despierta del sueño dorado.

Una empresa de las guays, de las que hacen informes macroeconómicos que provocan subidas y bajadas de los mercados de valores, ha dicho algo así como que el sistema financiero español está sano, pero que hay cinco entidades, del tipo cajas locales y regionales que pueden tener un aterrizaje brusco. Dicho de otra forma, que se pueden pegar un pijazo del copón cualquier día de éstos. Moody's, la autora del informe no las nombra, pero da su perfil: "Cajas de ahorro locales y regionales que en los últimos años han prestado a promotores inmobiliarios por encima de la media". Y hay más, independientemente de ésas hay otras trece que tampoco tienen muy claro su futuro. Vamos, que redondeando tocamos a una, más o menos por región, y dentro de éstas los farolillos rojos estarán encendidos en aquellas autonomías que más han tirado del ladrillo en los últimos años. Nos acercamos, lo tengo claro al igual que todos, es decir, que Almería cubre ese perfil, al igual que la Costa Tropical de Granada y Murcia, que es más o menos lo que más cerca nos pilla y eso por lo que debemos preocuparnos.

Los bancos han cerrado el grifo. Nadie da crédito a las promotoras inmobiliarias salvo que cumplan determinados criterios o estándares que hace años que no se aplicaban, esos tiempos en los que los directores tomaban copas en los pubes para captar las obras antes de que se firmasen las compras de los terrenos. De hecho, muchas de esas operaciones son sólo, a día de hoy, imágenes impresas en 3d sobre un suelo rústico, pero hipotecado a un precio que no es el de mercado. Vamos, que se han hipotecado fincas rústicas cuyo valor no era más de tres euros el metro cuadrado por cantidades de dinero equivalentes a suelos de otras calificaciones. Así, ahora, todos jodidos, porque a las malas, los bancos van tener suelo rústico para hacer enormes parques en los que desarrollar nuevas prácticas de reforestación. Pero seguro que algo se les ocurre y aunque tarden tiempo en pensar, -ya se sabe que estructura grande pasos lentos-, pondrán como mínimo huertos solares o molinos de viento y las cuentas, a la larga, saldrán al menos para ellos si no le da un jamacuco a Chaves y deroga el POTA.

Quienes no lo tienen tan claro son los actuales dueños de los suelos, mientras que los únicos beneficiados son aquellos que cobraron el total del valor de su finca en la venta, ésos a los que promotores y bancos o cajas creyeron que les colaban un gol por la escuadra y que ahora van en coches de medio lujo y tienen a sus hijos estudiando en Inglaterra ¡Bién por ellos!

Hay una cosa que tengo muy clara. Engaños los hubo. Quizás la prueba más sangrante es una pequeña vivienda que hay en Nueva Almería, a cuatro pasos de la casa del alcalde de la ciudad. Hay un enorme edificio construido hace muy pocos años y en medio de la zona común una pequeña vivienda particular austera, que nada tiene que ver con el edificio de nueve plantas o más que hay a sus espaldas. El terreno era del mismo dueño de esa vivienda y se lo compraron como el que hacía una buna acción “esto nunca será urbano” le decían. A los tres años de recibir tres pesetas y media por aquello aprobaron un plan parcial que permitía construir al nuevo propietario, pero no a él. Toda la edificabilidad se la comió el comprador y éste, a modo de protesta, mantiene su vivienda en medio de la mole de ladrillo que le rodea. Les prometo un reportaje del asunto en breve, porque ésa es una muestra palpable de por qué hoy hablamos de crisis inmobiliaria en Almería.