jueves. 04.06.2026

Quizás sea el Belén la forma más artística de todas las que se representan en Navidad, una tradición que sigue vigente a lo largo de los años, a lo largo de los siglos. Siguiendo esa tradición esta la Asociación Amigos del Belén de Macael, que por sexto año consecutivo han conseguido llevar a cabo una obra magna. Se le atribuye a Francisco de Asís la primera escena en la que aparecía representado el nacimiento del niño Jesús, a comienzos del siglo XIII. El fundador de la orden franciscana, según se cuenta, en un momento místico, fue impelido a mostrar la escena de la Natividad. Para ello, contando con escasos materiales, hizo un primer Belén humilde pero real, con una pequeña casa de paja, un buey y un asno, al tiempo que invitó a varias personas a mezclarse en la escena a modo de imitación. Este recordatorio se ha mantenido cada mes de diciembre durante años y años. Incluso a personas no muy religiosas les gusta tener un belén en casa que decore durante esta fechas.

Sin embargo, el belén que los últimos años se ha podido ver en el Ayuntamiento de Macael no es una cosa cualquiera, y mucho menos cabe en una casa normal, quizás en una mansión. Si la primera navidad la obra estaba situada en una tarima y ocupaba una superficie de 110 metros cuadrados, este año vuelve a ocuparse todo el espacio disponible: 280 metros cuadrados para deleite de las personas que se acerquen a visitarlo.

Todavía no han encontrado un lugar más grande al que mudarse, y será difícil que lo hagan, pues son 35 metros de fachada por una profundidad de 8 metros. Toda la escena está poblada por más de 1.100 figuras.

Iniciativa

Diego Martínez es el máximo responsable de la asociación y encargado de coordinar todas las acciones de esta casi faraónica obra: «Empezó como iniciativa de dos amigos hace unos siete años, de Juan Navarro y mía, queríamos hacer un belén que llamara la atención. En este campo no teníamos ninguna experiencia, si se exceptúa la de hacer pequeños belenes cada uno en su casa».

En la actualidad hay quince socios que se reparten democráticamente las muchas tareas que acarrea una obra de estas magnitudes, que no son pocas, como dice su hermano Martín, pues durante los fines de semana se quedan trabajando hasta las dos o tres de la mañana enfrascados en una afición que crece cada vez más. Amasar escayola para las montañas, pintar las construcciones, electricistas aplicados a la tarea de iluminar adecuadamente las escenas, añadir madera o piedra, todo es poco si después los visitantes quedan gratamente impresionados.

Cada año se han ido perfeccionando los principales trece pasajes del nacimiento, retocando cada detalle para representar con máxima fidelidad el acontecimiento. Una de las características de este gigantesco belén es que está representado en la zona de los autores, es decir, en Macael, y entre las humildes viviendas se pueden contemplar las montañas y las canteras. En ellas trabajan duramente las figuras de los trabajadores, algunas de las cuales tiene la peculiaridad de ser móviles, lo que sin duda deja boquiabierto al visitante, que puede contemplar como éstas, de unos 22 centímetros de altura, les da incansablemente al puntero con el mazo.

Algunas de las figuras ya están hechas en origen con movimiento y otras son adaptadas por Juan Navarro. Además de las canteras, también están representadas otras edificaciones provinciales como el castillo de Vélez-Blanco, la iglesia de Macael o la Alcazaba de Almería.

El belén está abierto para visitantes mañanas de once a dos y tardes de 5 a 9 todos los días desde el puente de la Constitución o mediados de diciembre, según el año, y hasta principios de enero, «lo solemos dejar hasta el día de Reyes, pero siempre hay alguien que quiere verlo y no ha tenido oportunidad, por lo que siempre lo dejamos algunos días más». La Navidad pasada más de 20.000 personas se deleitaron con este trabajo, e incluso algunos niños quisieron entrar y pasear por una ciudad casi de su tamaño.

De Murcia

Las figuras las compran hechas de la vecina tierra Puerto Tocino (Murcia), localidad de una amplia tradición belenística. Cada año se van comprando más figuras, de las que se escogen muchas y otras se dejan bien guardadas: «Cada Navidad el belén es completamente diferente, o eso es lo que intentamos hacer», dice Diego Martínez, que se lamenta de la poca tradición en este terreno que hay en Almería, aunque quizás su iniciativa se consolide como una tradición al cabo de los años. Muchas ganas, dice, es lo que hace falta para hacer el belén, que se come mucho de su tiempo libre y fines de semanas, que se hace por gusto simplemente.

Diego es el encargado de todas las construcciones, montañas, llanos, viviendas, establos, el templo, la panadería o la posada. Este año son novedades en el inmenso escenario la carpintería de José, un templo y Jesús con los sabios. Los ingredientes, corcho blanco, escayola, madera y mucha dedicación y paciencia. No en vano afirma que a finales de enero ya comienza los trabajos para que la siguiente edición mejore si cabe la anterior. El esfuerzo de todo el año se empieza a poner en juego a mediados de octubre, fecha en la que se empieza a montar el belén sobre la plataforma de 280 metros cuadrados. Más de un mes y medio es lo que se tarda en montar por completo el belén, situado en un local del Salón de cultura cedido por el ayuntamiento de Macael, que también aporta 1.800 euros anuales para sufragar los gastos en materiales. Otro medio de financiación para comprar figuras es el sorteo de una escena de nacimiento, en el que la gente colabora satisfactoriamente.

Un belén para perderse
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