Una música maravillosa

Jueves, 17 de Octubre de 2019

Una música maravillosa

18 de Septiembre de 2019 09:23h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Esperanza era una luchadora  sentirse útil era toda su alegría. Deseaba estar siempre con la música haciendo lo mismo o algo distinto. Una persona comprometida que se consideraba indestructible cuando estaba motivada.

 Era aventurera, pero tranquila, segura y serena. Perteneciente a la generación de los setenta, todos los momentos de su vida estaban relacionados con una de esas canciones que las listas y los programas musicales de la radio y televisión hicieron famosas.

  Aquellas músicas y aquellas letras, habían impregnado  su vida de amores, angustias y alegrías., de momentos felices y críticos. Por eso había decidido reescribir su historia con apasionamiento y reencontrándose con aquellos sonidos que formaban parte de su memoria emocional.

 Esperanza no pretendía recordar una sola historia o algo definitivo, sino lo que iba viniendo sin irse, aquello que estaba más allá de un catálogo de momentos, y sus cinco sentidos estaban puestos en el ayer cuando siendo rebelde como le cantaba Jeanette, rememorando al desaparecido Nino Bravo con  un beso y una flor y deleitándose con el recientemente fallecido Camilo Sesto evocando al amor de su vida. 

 Había instantes en los que le llegaban los ecos de Mocedades y entonaba con ellos, esa eres tú, y se sentía libre y linda como cantaría Miguel Bosé, reconociendo y diciéndole  a la cara a la persona amada, lo que pregonaba  Miguel Gallardo, que tenía ganas de él.

  A veces cuando dejaba volar su imaginación, llevada por aquella maravillosa música de los setenta, no sabía muy bien si era la estrella de David, de Juan Bou, la chica de la boutique de Heleno, el cisne con cuello negro de Basilio o un gavilán o una paloma de Juan José.

   Se repetía muchas veces cuantos y cuantos instantes, vividos, bailados, escuchados, cantados y disfrutados,. Cuantas veces quiso decir su nombre, como le susurraba al oído; José Luis Perales, para que la olvidara tal y como le cantaba Lorenzo Santamaría  y no dejar de ser un rayo de sol, al ritmo de Los Diablos.

 Mientras; Esperanza, siempre tenía motivos para decirle; parafraseando musicalmente a Manolo Galván;  a la persona amada, te quise, te quiero y te querré. A decir verdad eso le ocurría como cantaba Manolo Otero, todo el tiempo del mundo.

 Como cualquier chico y muchacho, habían prometido al son de Palito Ortega no llorar, y siguiendo a Los Iracundos, no ser ningún mamarracho, y con la voz de Ángela Carrasco, gritarle una y otra vez a la persona amada, que su afán y su ilusión era quererle a él.

 Sabía que había perdido la cabeza por su amor , en la voz de José Luis Rodríguez , que siempre  que se alejaba de ella ,  le salía de lo profundo de su alma el volver, volver de Vicente Fernández o el regresa de Lucha Reyes , recurriendo a la brujería del Gran Combo.

Por mucho que se distrajera,Esperanza, no podía olvidar a la persona querida, era celosa, no tenía dinero y se comportaba como una gata en la oscuridad,pero se moría por estar con él, no como una amiga sino como su amada y su amante.

Son muchos los recuerdos que aquella música maravillosa le hacían sentir, pero en este hasta luego, se sentía envuelta entre una balada de trompeta y el himno de la alegría, pensado y sintiendo el poder benefactor y terapéutico que tienen los sonidos del pentagrama entre voces e instrumentos

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