Resurgirá la izquierda

Viernes, 22 de Febrero de 2019

Resurgirá la izquierda

17 de Diciembre de 2018 13:58h

Javier A. Salvador, @jsalvadortp
Javier A. Salvador, @jsalvadortp

Un escritor francés de finales del siglo XVIII dijo que no basta arrepentirse del mal que se ha causado, sino también del bien que se ha dejado de hacer, y quizás ahora más que nunca esa cita puede resumir aquello que remueve la conciencia de la izquierda española tras la llegada de la derecha al gobierno de la Junta de Andalucía por la puerta de atrás, porque un tripartito entre PP, Ciudadanos y Vox no es muy distinto de aquel otro que años atrás llevó a PSC, Esquerra e Iniciativa Per Catalunya los Verdes a formar gobierno pese a que Convergenia i Unió ganó las elecciones con 46 escaños. Y claro, en aquellos años todos hablaban de la necesidad de cambio en Cataluña, al menos aquellos que estaban a favor del tripartido, y de pacto antinatural y abocado al fracaso entre sus detractores.

Ciertamente lo que empieza a moverse mientras se escenifican las supuestas dificultades para llegar a un acuerdo con la ultraderecha en Andalucía, es la conciencia de aquellos que sintiéndose progresistas o sencillamente centro izquierda se quedaron en casa o se negaron a darle su voto a ninguna de las dos opciones de izquierda que concurrían a las elecciones con claras opciones de formar gobierno, es decir, PSOE y Adelante Andalucía. Ni a Susana ni a Teresa, para ser mas claros.

Así las cosas, el hecho de que Vox se venga arriba y aparezcan esos reportajes en los que sus representantes se muestran orgullosos con el brazo derecho extendido y rodeados de banderas preconstitucionales, ha provocado un efecto de movilización que si son capaces de canalizarlo puede dar un verdadero vuelco al panorama político en las elecciones municipales, y más aún si como se prevé coincide con alguna que otra convocatoria más. Y de jugar sus cartas adecuadamente no sería cualquier vuelco, sino uno a lo Felipe González en el año 1982, que recuerden todos estuvo precedido de un golpe de estado, el 23F del 81, o por decirlo de otra manera de una asomada de patita por parte de la ultraderecha en un país en el que se creía que no volvería a aparecer.

Obviamente no es muy distinto, nos pongamos como nos pongamos, ver a unos con los brazos derechos cara al sol y banderas con pájaros de mal agüero, mientras otros levantan la izquierda al son de la internacional envueltos en la enseña tricolor, tan preconstitucional como la primera.

También es cierto que la irrupción de los generales ha causado estupor, pero seamos sensatos, tanto a derecha como a izquierda, porque en Mallorca como en Madrid son igual de generales. Es obvio que el tono y las connotaciones son totalmente distintas, y podemos entenderlo o no, pero teniendo en cuenta que el país que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo, los hay que asustan mas.

España está abocada a una especie de segunda guerra civil en la que el campo de batalla serán las urnas, las balas los votos y las reglas de juego la Constitución española. Se van a ver las caras los mismos bandos, derecha e izquierda, pero en esta ocasión las estrategias tendrán que sudar tinta para unificar los grandes bloques. Tendemos a un nuevo bipartidismo que debe ser generoso en el respeto de la identidad de cada una de las sensibilidades que alberga, porque ahora más que nunca hay que pensar en la utilidad del voto, porque unos ganan y otros pierden, y ya no hay más medidas tintas.

En este panorama la izquierda tiene todas las de ganar si es capaz de asumir sus errores, que pasan principalmente por la gestión del ego no sólo de quienes han tenido cargo, sino de aquellos que lo buscaban y nunca llegaron a tenerlo. La mejor medicina para curar este mal es la envidia, la que sentirán a partir de ahora con los nombramientos que se harán desde el conglomerado de derechas en Andalucía, porque en una comunidad gobernada durante casi 40 años por un mismo partido habrá prisas por desmantelar la parte clientelar de la administración para poner a los suyos, y claro, a partir de ahí sólo hay una camino que recorrer, el de aprender la lección y luchar por recuperar la posición.

Que el paso de la derecha tal y como se configura en Andalucía sea un hecho efímero sólo depende de una cosa, de tener tantas ganas de revancha como quienes ahora se harán con el poder.

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