Puigdemont, aliado del PP

Viernes, 22 de Junio de 2018

Puigdemont, aliado del PP

23 de Octubre de 2017 20:45h

Javier A. Salvador, @jsalvadortp
Javier A. Salvador, @jsalvadortp

Si no hubiese declarado la independencia pasándose por el forro la constitución española hoy podríamos decir que el president Carles Puigdemont es el mejor aliado del PP y con él toda ERC y la CUP, porque qué sería de los populares sin ellos el día en el que una fiscal pide la intemerata de años de prisión para los implicados de la trama Gürtel, afirmando que el propio partido político se benefició de los tejemanejes de la organización criminal. 

Sin el conflicto catalán los informativos de esta semana estarían dedicados en buena medida a un episodio que no pasará a la historia de España como uno de los más patrióticos, ni sus protagonistas como un ejemplo inapelable del cumplimiento de las leyes que deben garantizar la convivencia de este país. Una vez leí “si un hombre ultraja los altares, la santidad conyugal, la decencia y la honradez, y grita ¡Patria, Patria!, no le creáis: es un hipócrita del patriotismo y un pésimo ciudadano. Y bueno la cita es de un autor italiano que murió hace más de 150 años, pero tiene la misma actualidad que la carta rescatada ahora de Tarradellas, el presidente que recuperó la autonomía de Cataluña, quien escribía en 1981 al director de la Vanguardia: “Vemos que sus responsables,- habla del Gobierno de la Generalitat-, están utilizando un truco muy conocido y muy desacreditado, es decir, el de convertirse en el perseguido, en la víctima; así hemos podido leer en ciertas declaraciones que España nos persigue, nos boicotea, nos recorta el Estatut, nos desprecia, se deja llevar por antipatías hacia nosotros, que les sabe mal y se arrepienten de haber reconocido nuestros derechos…"

Para muchos ha sido una cuestión de suerte, para otros un magistral manejo de los tiempos, las provocaciones y la incitación a meter la pata. Algo así como hacer populismo sobre los populistas para llevarles a saltar cada vez más alto, justo hasta ese punto en el que la caída seguro que te provoca una fractura, aunque claro, de tratarse de un juego tendríamos que decir que sería demasiado macabro porque aquí no hablamos de una pierna rota o una nariz tronchada, sino un país al que se le ha llevado entre unos y otro a un punto en el que nos debatimos entre la preocupación más absoluta y el hartazgo más atroz.

Durante esta semana nadie hablará del saqueo de las administraciones públicas, entre otras cosas porque parece que hemos asumido que la corrupción es una parte intrínseca del actual modelo político, de hecho ni tan siquiera han llevado a un castigo severo en las urnas, cuando menos lógico, de quienes pusieron al frente de listas electorales y administraciones a quienes hoy ocupan los banquillos de los acusados en la mayor trama de corrupción jamás destapada en este país.

Por todo ello no es mala cosa, del todo, que esta Constitución nuestra tenga una pequeña actualización que la haga un poco más de todos, que se adapte no sólo a lo que hoy es necesario, sino que además mire hacia el futuro inmediato. Obviamente esa tarea no puede corresponder a la clase política que conocemos. Al menos partiendo de la base de que en Almería, por ejemplo, tenemos un presidente de Diputación que no es capaz de decir correctamente el nombre la provincia a la que representa. Quiero decir, que reformar la carta magna sí, pero por actores que podamos considerar de común acuerdo como sabios y sean admitidos por la unanimidad de todos, porque si no es así, haremos un pan como hostias.

Hasta la constitución más antigua del mundo, la de los Estados Unidos de América, ha tenido sus enmiendas a lo largo del tiempo, ya fuese para abolir la esclavitud, el sufragio femenino o una de mis favoritas, la que se refiere a la ley seca promulgada en 1917 y que luego fue derogada en 1933. Es decir, que dieron marcha atrás por un error cometido y aún así siguen siendo la primera potencia.

Entre las modificaciones o enmiendas a la constitución de los Estados Unidos, y la tomo como referencia por mi afición a las hamburguesas y por el respeto que me merece el hecho de ser la primera conocida, hay una que establece el derecho a que el Distrito de Columbia tenga electores en el Colegio electoral de Estados Unidos para la elección de presidente y vicepresidente. Fue ratificada el 19 de marzo de 1961, y viene a ser algo así como una modificación del mapa electoral para atender la particularidad de un territorio. 

Pues eso, que no hay mas sordo que el no quiere oír.

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