Pelillos a la mar

Jueves, 21 de Febrero de 2019

Pelillos a la mar

16 de Enero de 2019 14:31h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Después de tantos años de diferencias y enfrentamientos entre los Sánchez y los García, los más jóvenes de la saga, Mariana y Alfredo, habían decidido dar por zanjado un problema que databa de hacía más de dos décadas y que se inició por una discusión acalorada en la que emplearon adjetivos gruesos y se prometieron ignorarse y no dirigirse la palabra “nunca jamás”.


Dos familias amigas desde generaciones, que siempre habían mantenido una excelente relación, y que por las rabias e iras de un mal momento estuvieron sin relación y enfrentados. La perspectiva y la visión del tiempo y otras gentes relativizan los problemas.
Pero si miramos a la historia encontramos todo tipo de ejemplos de guerras familiares que normalmente terminaron en tragedias y sangrientas colisiones que dieron lugar a leyendas que han quedado escritas para siempre, como la de los Capuletos y los Montescos, que tan magistralmente relata William Shakespeare en su tragedia Romeo y Julieta.


Tampoco podemos dejar atrás, ya casi en nuestros días, allá por la década de los 90 del pasado siglo la masacre de Puerto Hurraco, consecuencia del enfrentamiento de las familias Izquierdo y Cabanillas. Podíamos escribir un tratado de Psicopatología sobre los enfrentamientos de familias en su lucha por la pasión y el amor, el poder o los recelos y envidias.
Si no les importa queridos lectores, vamos a recalar en los momentos actuales y en la política, donde encontraremos la enorme dificultad de algunos protagonistas, no ya para hablar sino para desde sus diferencias lograr un acuerdo y pactar las discrepancias.
Entre el miedo y la risa, los excesos y las limitaciones, nos dejamos llevar o nos escandalizamos, e intentamos resistir y argumentamos lo que es incierto y nadie se cree, y no somos capaces de destapar la verdad y nos volvemos cómplices del engaño y la mentira.
Hay cosas que además de asombrarnos, pueden sorprender a cualquiera, porque no es lo que parece ni parece lo que realmente es. Enmudecemos o gritamos según nos convengan para enlazarnos o enfadarnos y vamos transportando en nuestras cabezas y corazones, nuestras filias y nuestras fobias.


Entre caras de acelgas y actitudes de apio, surgen en ocasiones chispas y colisiones, pero lo que no terminamos de entender es la necesidad de que quienes son adversarios en política hayan de convertirse necesariamente en enemigos.


Resulta muy difícil hablar y dialogar, y mucho menos acordar entre adversarios, de la derecha y la izquierda en nuestro País, queriendo buscar el beneficio de la mayoría, cuando vemos y oímos como se expresan los líderes de la derecha.


Así cuando Pablo Casado afirma que el Partido Popular , del que es el Presidente , representa la España que madruga, nos quiere dar a entender que quienes no compartimos los credos del Partido de las gaviotas , ni nos levantamos temprano ni trabajamos.


O cuando dijo sin sonrojarse lo más mínimo, que “la corrupción es una de nuestras señas de identidad”. Mire usted, señor Casado, ¿A quién se refiere? : Al conjunto de los españoles y españolas, solo a algunos ex dirigentes del PP, o una vez más y en su línea habitual ha metido usted la pata. Los próximos meses serán apasionantes .No nos debemos dejar llevar de impulsos ni espejismos, ni engaños y falsas palabras. Hemos de saber avanzar y entre el bosque de intoxicaciones y manipulaciones, destapar toda la verdad.

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