Parecía increíble

Viernes, 23 de Agosto de 2019

Parecía increíble

27 de Febrero de 2019 13:40h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

He de reconocer que cuando no dejamos de jugar, nos seguimos comportando como los poetas. Nos creamos nuestro mundo propio, en el que vamos colocando las cosas según nos gusta. Leyendo aquel cuento, iba descubriendo toda la riqueza de posibilidades que se me ofrecían.


Nuestra fragilidad, a veces, nos angustia, y cada cambio que se produce en nuestro entorno nos coloca al borde del abismo o nos irrita por tener que salvar todo tipo de dificultades, cuando creíamos que todo estaba hecho y logrado.


Aunque no nos lo podamos creer, en demasiadas ocasiones, nuestras expresiones de descontento no son sino ganas de llamar la atención. Debemos, desde nuestro escepticismo, estar tranquilos y activos al mismo tiempo.


No debemos confiarnos, y aunque todo vaya bien, hemos de reservarnos para dar el último toque a cualquier proyecto que emprendamos., mantener la discreción y rechazar los atajos dudosos. Debemos mantenernos centrados y no perder los nervios a las primeras de cambio.
Hay noticias que leemos, vemos u oímos como que el Papa Francisco diga que “La Iglesia llevará a la justicia a los abusadores”. Hombre, Su Santidad, como cualquier hijo de vecino, pero hay dos cosas que no sabemos qué hará la Iglesia de la que usted es el Sumo Pontífice ¿Cómo se resarcirán a las víctimas? ¿Cuáles son las medidas concretas que se adoptarán ante un caso de abuso?


Hasta ahora la mirada de la cúpula de la Iglesia Católica sobre los casos de pederastia no solo ha sido transigente y tolerante, sino que desgraciadamente, a las víctimas les ha sonado a complicidad por silencio u ocultamiento.


Lejos de opacidades y desplazamientos de los focos mediáticos de atención, ustedes, los que gobiernan la Iglesia, han de ganar la credibilidad y la confianza de los creyentes, poniendo todas las medidas para que estas gravísimas situaciones no vuelvan a darse.


Nadie puede volver a quedarse petrificado frente al espejo, por haber sido víctima de abusos y violaciones, en las que el poder que todo lo puede se sitúa frente al indefenso menor al que le han arruinado la vida. Durante muchos años hasta que dan a conocer su tragedia su mirada es tensa y vigilante sobre todo lo que se mueve, para una vez que se liberan y denuncian su situación se torna más vivificada y confiada.


De la desolación a la esperanza, de la angustia a la confianza, de la invisibilidad a la presencia, del miedo a la rebeldía, de la interrogación y la culpabilidad, a la conciencia y la conquista de la libertad para gritar quienes son los culpables.


Comenzar una nueva vida desde la seguridad, no tener pesadillas, desde haber recuperado la voluntad y la dignidad, desde reconocer el propio espacio y el de los otros, y no necesitar ningún apoyo para andar con firmeza y superar los obstáculos.-


Debemos entender que las víctimas no se pudieran creer que quienes deban ser ejemplo de vida y comportamiento, la Iglesia, admita ahora, tras dos décadas del siglo XXI y muchos años de abuso, que serán llevados ante la justicia, Demasiados odios, sufrimientos y rencores para ser despachados con tan tibio respuesta por el Papa Francisco.
Es insuficiente escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, sino que ha de restituirse el daño causado.

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