Pactos de odio, a eso hemos llegado

Miércoles, 24 de Julio de 2019

Pactos de odio, a eso hemos llegado

17 de Junio de 2019 19:24h

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

En algunos momentos podemos decir sin temor a equivocarnos que lejos de evolucionar en el panorama político, en la forma de ver el entorno del que debemos valernos para gestionar nuestros municipios, comunidades o el propio Estado, caminamos hacia atrás como los cangrejos. Hemos pasado de votar a favor de unas siglas a hacerlo contra aquellas que de ninguna manera queremos ver al frente de instituciones, pero hay más, porque automáticamente ello ha llevado a que afloren lo que podemos denominar pactos del odio.

Catalogaremos así a partir de ahora aquellos en los que sencillamente importa un carajo lo que diga tu partido, tu propia hemeroteca o el sentido mayoritario de los vecinos, porque sencillamente vale lo que opina el que tiene el acta de concejal en ese preciso instante.

Era obvio, y no creo que Ciudadanos como partido tenga el más mínimo poder para remediarlo, que en Huércal Overa los representantes del partido naranja se negasen en rotundo a pactar con el PP después de cuatro años de verdadera persecución a su principal promotor local. Hubiese sido de locos que él hubiese investido alcalde al candidato popular, cuando lo más natural en ese pueblo era que le embistiese a la primera oportunidad, como así ha ocurrido.

Podemos sorprendernos de lo ocurrido en Carboneras si no somos conscientes de lo que allí se ha fraguado estos años, porque sencillamente el anterior equipo de gobierno se ha divido en dos partidos. Con ello los amigos del alma se juraron partirse esa misma alma, la crisma y todo lo que fuese necesario. Así, después de ocho años, un pacto de odio ha dado la alcaldía al partido que ha ganado las tres últimas elecciones pero que por otros acuerdos post electorales nunca pudo gobernar. Podemos decir que aquí el odio ha puesto las cosas en su lugar.

En Vélez Blanco el PSOE y su escisión sumaban nada menos que ocho concejales, pero obviamente escisión significa división sin posibilidad de reconciliación, de ahí que el único concejal de Ciudadanos sea ahora el alcalde de un pueblo pese a representar la lista menos votada y la única que no era de ideología socialista. Sencillamente para hacérselo mirar.

Ejemplos hay por todas partes y de todos los colores, y por ello impera que entendamos este momento de los pactos del odio como ese instante en el que debemos plantarnos. Dejar en suspenso esta partida perversa de poderes en la que hemos convertido la política para que, desde la calle, desde los cafés, las columnas de opinión y hasta desde los pequeños grupos de conversación, nos propongamos edificar un nuevo modelo desde el sentido común. Dejar atrás la crispación y buscar lo realmente correcto, no lo políticamente beneficioso suena bien ¿verdad? Pero de tales palos salen estas astillas y puestos a pensar, ahora quién podrá decirle a Pedro Sánchez que no pacte con el diablo ya se vista de populista, independentista o extremista si en Andalucía vemos acuerdos con los logotipos del PP, Ciudadanos y Vox perfectamente unidos y en media España también.

¿Por dónde empieza el sentido común?

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