Miembros y mimbres

Jueves, 13 de Diciembre de 2018

Miembros y mimbres

22 de Noviembre de 2018 12:07h

Juan Antonio Palacios
Juan Antonio Palacios

Entre  rumores, conjuras y contubernios, certezas, noblezas y alianzas, los miembros de este tejido social andan  tejiendo los mimbres para intentar devolver la esperanza y la dignidad a quienes no la tienen. Vemos que cuando nos sentimos contentos, quienes nos rodean nos valoran positivamente.

           Descubrimos con el paso de las hojas del calendario, que no es bueno ni positivo hacer demasiadas cosas a la vez, y buscamos la calma y la evasión. Nos sentimos muy sensibles y hemos de encontrar las causas para buscarle soluciones.

            A veces nuestras actitudes realistas nos hacen evitar conflictos inútiles. Somos conscientes, que en demasiadas ocasiones los demás se benefician de lo que hacemos, pero nos olvidamos con frecuencia que eso también nos puede reportar beneficios. 

           Vamos montando nuestros relatos entre miembros y mimbres, intentando no perder tiempo y energía en aquello que no forma parte de nuestras prioridades., evitando distracciones innecesarias, superando tristezas y decepciones y evitando ser rehenes de muchas mentiras que dominan las redes.

           Con frecuencia, conocemos que nuestras iniciativas van a tener consecuencias positivas,  que nuestro sentido del humor hace maravillas para evitar conflictos, que nuestro encanto funciona muy bien a la hora de convencer, si sabemos elegir las palabras precisas y adecuadas.  

            Si somos tolerantes con las carencias de los demás y tomamos las precauciones necesarias, no contaminaran nuestro ánimo, y nuestra moral estará a prueba de explosivos. Lo importante es que seamos capaces de hacer cosas bien hechas y útiles.

           Nos movemos entre la glorificación y la demonización de nuestras vidas, y nos negamos a admitir que por muchos muros, mares y desiertos que pongamos por medio, no pararemos la inmigración, si no somos capaces de atajar sus causas desde el origen.

         Es bueno levantarnos cada mañana con ganas de cambiar el mundo, superando secuestros y mentiras, moviéndonos entre lo bueno y por mejorar, admitiendo que las cosas no salgan todo lo bien que deseamos, rebajando todo síntoma de agresividad y procurando el tono más empático posible con los demás.

             Mirando el futuro con optimismo, comenzamos a recuperar nuestra energía y a sentirnos con más ánimo por fuera y por dentro, no permitiendo que nada ni nadie le alterarán, sin acumular motivos para ir de prisa ni almacenar tensiones.

                No podemos dejar que nos dominen los discursos de los demás, entre suavidades y sutilezas, ungüentos y pomadas, susurros y ruidos, vivencias penosas y aventuras horribles,  noches oscuras y amaneceres luminosos.

                Perdemos el sentido de la realidad y los diálogos se convierten en monólogos, las caras ocultas en expresiones abiertas, y  los sueños en sortilegios  y entre purgas y persecuciones, posturas y composturas, puñales y cuchillos, vamos superando la rutina y el aburrimiento.

              Nos conducimos por pautas, seguimos patrones de conductas y marcamos tendencias, que otros consolidan, y poco a poco con la observación, vamos descubriendo cosas en las que antes no habíamos reparado, y aprendemos a ganar con humildad y perder con sabiduría.

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