Lluvias y lágrimas

Jueves, 13 de Diciembre de 2018

Lluvias y lágrimas

31 de Octubre de 2018 13:12h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Aquella tarde de otoño había llovido torrencialmente. La terraza de su casa era una piscina, y de sus ojos salían lagrimones como si fuera una pequeña catarata. Más temprano que tarde, y cuando escampara y dejara de llover, el techo de la mansión en la que habitaba volvería a estar tan seco como siempre, lo que no tenía tan claro, era si la tristeza que le embargaba y provocaban sus lágrimas desparecerían.


Se había acurrucado en el sofá bajo una mantita suave, encendió la lamparita del salón y Dulce se quedó a gustito y calentita viendo uno de esos capítulos de series norteamericanas que con cualquier tontería te montan una historia.


No quería volver a tener ganas de llorar , ni de tomar conciencia de que estaba más sola que una condenada a muerte en una celda de aislamiento, a la que lo único que le da ganas de vivir es pensar que se acerca la hora de su ejecución.


A la mañana siguiente era domingo, y cuando decidió levantarse, estaba más decidida que nunca a dejar atrás todo aquello que le estorbará, todo lo que fuera una carga inútil. Estaba decidida a hacer limpieza en la casa y en su vida.


No quería mirar ni una sola fotografía, demasiados recuerdos...Nunca las quiso tirar a la basura, tal vez porque eran la única prueba de que hubo vivencias, y por tanto ahora existan recuerdos y emociones. Aunque abría sus ojos al tiempo pasado, Dulce no quería anclarse a nada ni con nadie.


A veces su llanto era tan desconsolado, que semejaba una catarata sin fin, mientras que otras cada lagrima tenía su significado, entre alegrías y sinsabores. , ente consuelos y desconsuelos, ruidos y silencios, encendidos y apagones.


Hay estrellas que nos parecen que brillan en la noche, caminos llenos de piedras que no podemos recorrer descalzos, brillos opacos, y oscuros resplandores. Sueños placidos y tormentosos, perfiles hermosos que resultan ser horrorosos a la hora de contemplarnos.
Entre lluvias y lágrimas, asistimos a desperfectos que se alegran, viajes que hacemos sin movernos y paralizaciones de quienes no paran de ir de un lado para otro. En busca de tesoros escondidos, entre escapados mares y resplandores en el desierto.


Nunca más volvió a hacer, lo que tanta ilusión le hacía. Dulce, sin embargo, había sabido esperar, alumbrando y alumbrándose, trabajando y descansando, llorando sin consuelo o apagando la luz. , sintiendo la necesidad de cambiar o poniendo toda la fuerza para intentándolo de verdad.


Casi siempre, esperaba que todo fuera bien. Sabiendo cortar , batir y amasar cualquier producto que llegara a sus manos, removiendo, abriendo y cerrando todo lo que cayera en sus manos , y haciéndolo con maestría, También teniendo la habilidad de encender y apagar, destapar y tapar , todo lo que se le pusiera por delante como si de un baile se tratara.
No era consciente de que se encontraba entre lo ofendido y lo estafado, que entre olores y sabores había encontrado sensaciones llenas de armonías y sinfonías repletas de sonidos., para intentar enseñarnos cosas nuevas conectadas con mundos fantásticos o con otras percepciones de la realidad cotidiana.


Y entre risas y sonrisas, lluvias y lágrimas, vamos perdiéndonos y encontrándonos en lugares y espacios distintos, que a veces pueden parecernos los mismos.

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