Lázaro Leal

Martes, 24 de Abril de 2018

Lázaro Leal

02 de Enero de 2018 13:17h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Lázaro hacia las cosas porque si, sin esperar nada a cambio. Él era amigo de sus amigos en todo momento, cuando las cosas iban bien y cuando pintaban mal. Le gustaba ver felices a las gentes que quería. Siempre iba de frente y jamás se dedicaba a hablar de los demás a sus espaldas.

Sabía comunicarse y expresar sus sentimientos con firmeza en sus ideas y emociones y con honestidad en sus valores y principios. Leal era una persona que inspiraba confianza por sus actos, su compromiso y su coherencia. Además, no flaqueaba y era constante en sus promesas.

Procuraba que sus opiniones fueran el fiel reflejo de lo que pensaba, con la sutileza para  tener la suficiente delicadeza de  no herir a nadie. Tampoco en un ejercicio  de test psicológico pretendía poner a prueba la lealtad de sus amigos, ya que los demás viven y reaccionan de acurdo con las expectativas que tengamos sobre ellos.

Leal era por encima de todo bondadoso y solía entregar amor y cariño  a los demás. Si algunos de sus amigos necesitaba alguien con quien hablar, allí estaba Lázaro., dispuesto a la escucha, a sonreírle, a reír o llorar con él, a vivir plenamente de la mano de quienes quería.

     No entendía como alguien podía utilizar su opinión o su postura sincera contra él, y terminaba llegando a la conclusión de que quizás jamás había sido un buen amigo sino  una relación interesada. Ese sentimiento que experimentaba Lázaro le hacía sentirse bien.

    Su disposición ante la realidad era permanente para respetar y ayudar a todo aquel que lo necesitaba, y tenía los ojos bien abiertos  para colocarse en el lugar del más débil o desfavorecido. No le suponía ningún trauma reconocer sus errores y pedir perdón públicamente.

     Tampoco le importaba  pedir ayuda a los demás o reconsiderar sus posturas, o ser solidario  y dar la cara por aquellos que estuvieran en peligro. Aunque en ocasiones se sentía confuso y desorientado, no se dejaba influenciar fácilmente, porque pensaba que nadie sabía lo que más le convenía para no dejarse atrapar..

   Leal daba lo mejor de sí en cada momento, aunque no le gustara todo lo que veía a su alrededor. Era consciente que el pasado volvía con frecuencia al presente y aunque no era fácil de asumir, admitía que la gente podía cambiar con el tiempo.

 Su propósito era ser feliz, por eso superando ensañamientos y lodazales, apartaba de su camino todo aquello que intentara amargarle la existencia. En su visión positiva, pensaba que lo mejor estaba siempre por llegar.

Seguro de que se le iban a presentar nuevas oportunidades, y que debía ser muy hábil para aprovecharlas, mejorando y solucionando aquellas situaciones que se presentaban complicadas, y que la clave de su éxito estaba en su actitud y saber mantener la posición adecuada en cada tiempo.

La realidad, en demasiadas ocasiones le había superado. Su franqueza y honestidad había sido una de las causas de  sus fracasos y frustraciones. Era diferente, y tal vez por eso tenía la habilidad de reírse del mismo, pero tampoco podía dejar de ser sincero con sus sentimientos y emociones. 

Estaba convencido de que era el momento de cambiar las cosas. Entre su ilusión y el compartir nuevas experiencias, iba  a ser capaz de superar la adversidad y disfrutar de la alegría de cada jornada, como algo único, excepcional e increíble,  y de los buenos  momentos que le proporcionaba la vida.

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