Ideas que ofenden no son delito

Miércoles, 25 de Abril de 2018

Ideas que ofenden no son delito

14 de Marzo de 2018 20:08h

Javier Salvador, @jsalvadortp
Javier Salvador, @jsalvadortp

La libertad de expresión se extiende a informaciones e ideas que ofenden, chocan o molestan y no lo dice el que suscribe, sino un tribunal europeo que lo mismo vale para decir que las cláusulas suelo son ilegales, como para recordarnos que condenar violando derechos fundamentales es sencillamente una barbaridad. Quemar fotos del rey es un modo de crítica política y podemos estar o no de acuerdo, pero esa es la grandeza de la democracia y de la separación de poderes, que puedes chocar frontalmente con esa afirmación, pero de ahí a que sea un delito, tiene que ser un juez quien te lo diga. Y lo bueno de ser europeo es que un tribunal de tu país puede ser corregido por otro superior que tiene una visión más estricta de la norma, menos condicionada por el entorno y quizás sea esa visión desde el exterior lo que les hace mas justos a la hora de aplicar las leyes. A mí, particularmente, no me gustan que se quemen fotos de reyes en las plazas públicas, pero tampoco me gusta ver la foto de un monarca que recibe dinero público para su sustento matando elefantes en un país subdesarrollado. Si un rey no quiere ver sus fotos quemadas o su nombre en tuits o letras de canciones que ofenden, chocan o molestan, tiene la obligación de ganarse al pueblo, a todo el pueblo o en su caso a una amplia mayoría. De hecho, si en España hubiese un referéndum sobre si es conveniente o no mantener la institución con dinero público ¿cuál creen que sería el resultado?

Esta sentencia europea nos viene a todos muy bien, porque ya sabemos lo que va a ocurrir con las penas impuestas a tuiteros, raperos y demás especímenes de esta sociedad que lo mismo ponen su cara a un cristo que te queman la foto de un rey. Sencillamente tienen otra forma de expresarse y puede que no nos guste, pero de ahí a que sean delitos penales hay un buen trecho. Todas esas sentencias van a ser revocadas y al Gobierno que ahora se da golpes en el pecho por lo bien que lo ha hecho su fiscalía le dará igual la humillación internacional porque sencillamente ya no estarán gobernando. Lamentablemente la justicia europea es, sencillamente, muy lenta y ese debe ser quizás uno de los asuntos a arreglar.

Si queremos interpretar las canciones, los tuits y todas esas cosas como incitación al odio o la violencia y con ello llevarlas al terreno penal, de igual modo la fiscalía debería tomar con pinzas llamamientos vía twitter de señores del PP que minutos después de la muerte del pequeño Gabriel pedían la prisión permanente para una persona que ojalá se pudra en la cárcel, pero que aún no ha sido juzgada. Obviamente puede interpretarse como una burda estratagema populista que sólo trata de animar a las masas a salir a las calles en busca de venganza hasta el punto de que terminen pidiendo la pena de muerte. Pero mira por donde, nadie actúa contra quienes incitan a las masas haciendo un uso torticero de su dolor.

Me da la impresión de que esta sociedad en la que hay dos generaciones muy diferenciadas por la brecha digital hay una parte que entiende la libertad de expresión como un terreno casi restringido a los medios de comunicación, sin terminar de entender que medios de comunicación son todos aquellos por los que circula información y opiniones. Las redes sociales son el sustituto, actual, de muy buena parte del papel de los medios de antaño y aunque nos encante resaltar lo malo de ellas, los excesos que se cometen, no podemos olvidar el mucho bien que nos han hecho. Yo soy de los que incluso opinan que ahora se reivindica mucho más que antes, sólo que de otra forma, y al mismo tiempo estoy convencido de que una protesta viral en redes sociales sólo pondrá nervioso a un Gobierno, mientras que ver a millones de ciudadanos en las calles al grito de pensiones justas, como lo veremos el próximo sábado, puede hacer caer a ese mismo Gobierno en cuestión de horas, días o semanas. Eso también es libertad de expresión que antes se reprimía a golpes, incluso ahora en casos que cuesta olvidar, pero al final con los años se convierte en un modelo de pronunciamiento público intachable. Pues con el resto sucederá igual, sólo que tenemos que ayudar a renovar la parte más arcaica de nuestro modelo de Estado, y en esa tarea el poder judicial no puede quedar al margen y mucho menos seguir dependiendo en última instancia del propio Gobierno.

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