¿Felices qué?

Jueves, 26 de Abril de 2018

¿Felices qué?

26 de Diciembre de 2017 14:28h

Javier Salvador, @tpjsalvador
Javier Salvador, @tpjsalvador

Ahora mas que nunca parece terriblemente cierta aquella reflexión de un filósofo inglés que decía que los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias, porque en España, en estos momentos, hablar de felicidad puede resultar algo heavy. El gobierno que dirige un partido que se sienta en el banquillo de los acusados por los delitos derivados de la mayor trama de corrupción que se conoce en el entorno de la política, la Gürtel, nos ha llevado a un escenario en el que estamos al borde de un precipicio que ha sido generado por la más absurda de las sinrazones, la de creer que la mano dura contra Cataluña les haría subir como la espuma en todas partes, al tiempo que todos olvidarían los trapos sucios que los jueces han sacado de sus armarios, porque los discos duros en los que guardaban la información fueron sencillamente aniquilados al mismo tiempo que el sentido común en buena parte de ese partido.

El resultado es tan espantoso que si Chris Columbus rodase una nueva versión de “Sólo en casa” podría poner la foto de García Albiol para explicar con una sencilla imagen el título de la película. Pero la pérdida de peso de los populares en Cataluña no es un problema que sólo les afecte allí, porque ahora sí que es verdad que nos van a trasladar el problema catalán a todos los demás, y no el de unos independentistas que tampoco se vendrán tan arriba como imaginamos, sino porque se abre la veda de un gobierno en minoría cuyo partido corre el riesgo de caer en las encuestas al mismo ritmo que el PSOE de Zapatero en los inicios de la crisis económica. De hecho, ahora sí que podemos sustituir el recurrente “la que ha liado Zapatero” por el evidente “la que ha montado Rajoy”.  Y hay que reconocer que lo cachondo será ver a la CUP, extremismo independentista, y al PP Catalán, extremismo nacionalista, confraternizar en el grupo mixto del Parlament de Catalunya. Que manda huevos.

Pero no son tiempos felices. Obviamente para ellos no, pero tampoco para el resto, porque esa carrera que se abre ahora por pillar cacho de la descomposición de los populares puede forzar o, mejor dicho, precipitar algunas de esas reformas que tenemos pendientes y que necesitan de tiempo, paciencia y consenso, pero que un calendario electoral a merced de una cámara sedienta de sangre azul, puede conducir hacia el camino de una chapuza nacional.

La reforma de la constitución, hasta dónde y para quiénes el gasto social, la redefinición del concepto de solidaridad entre regiones y el modelo según el cual debemos soportarnos unos a otros, y no por cariño sino por mera necesidad, van ser temas que quemarán. Y claro, si encima de todo ello buena parte de los actores son verdaderos pirómanos de la política, todo indica que este invierno nos vamos a quitar el frío a golpe de titulares.

 

 

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