Errores electorales que se pagan caro

Jueves, 21 de Marzo de 2019

Errores electorales que se pagan caro

26 de Febrero de 2019 21:36h

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

La ideología conservadora es tan necesaria como la progresista, pero lo que toca evaluar es si para el modelo de sociedad que queremos necesitamos extremos a derecha o izquierda. Mentir para llamar la atención genera consecuencias, igual que intentar ganar espacio electoral sin más contenido que el mensaje en caliente, y esa es la sensación que se está instaurando entre el votante de centro derecha y de derecha. Ven una especie de vuelta de tortilla en la que el enemigo de toda la vida, el PSOE, parece haberse convertido en la formación sensata, capaz de aglutinar a personas de sobrado y reconocido prestigio, mientras que entre sus afines sólo identifican guerras entre aquellos que tratan de hacerse hueco en el nuevo panorama para seguir a la sombra de lo mismo, de lo público. Ahora no importa lo más mínimo el hecho de estar más o menos cerca del extremo ideológico o sacar del armario asuntos que tradicionalmente han desangrado a tu propio electorado ¿Quién ha sacado alguna vez rédito de hacer del aborto un arma arrojadiza?

En todo este maremagno una sencilla entrevista contestada esquemáticamente, pero con frases que son más cargas de profundidad que meras respuestas, ha irrumpido como la gota que ha colmado una vaso que ya estaba absolutamente rebosante. Celia Villalobos se ha retirado, que ya le tocaba, dejando claro que en su partido han jubilado a aquella generación que hizo del Partido Popular una formación política capaz de aunar mayorías. Ahora toma distancia y mira desde la distancia cómo un líder de treinta y pocos va camino de un histórico descalabro, a las puertas de devolver a la derecha a aquel oscuro y desilusionante panorama de los años en los que Fraga intentaba encontrar la clave para unificar al PDP, PL, AP y a todo aquel que estaba a su lado del mapa ideológico. 

No hay que ser un gran estudioso de la historia política reciente para entender que fue precisamente la migración a un hipotético centro lo que llevó a Aznar a derrocar a un Felipe González que mostraba serios síntomas de agotamiento en sus filas. Faltos de renovación, acuciados por la corrupción, era el momento de dar un golpe de mano. Sencillamente le salió bien al PP porque se trabajó sin descanso ese escenario de llamada a la conciliación, integración y entendimiento. Lo malo fue que las matemáticas electorales obligaron a pactar con aquel que en ese preciso instante representaba el independentismo catalán, y no era otro que Jordi Pujol. Y no era mala la jugada, porque aunque ambicioso de independencia sabía que precisaba de años y dinero para generar esa base generacional que hoy reclama una república. Vamos, que las mieles de aquellos años que les facilitó el derrocamiento de Felipe González son la causa de estos amargos tragos que hoy tratan de convertir en motor electoral.

Pero esas matemáticas electorales a las que hacía referencia son siempre perversas, y frente a la confianza de reeditar un pacto a lo Andaluz, del que no se sabe cuánto durará ni cómo terminará, en el PP crece ese espíritu de refundación que espera impaciente un resultado electoral que obligue a una crisis interna general. Dicho de otra manera, si Casado es el protagonista del fracaso electoral, la vieja guardia moderada del PP ya espera para tomar las riendas con perfiles más amables que lo visto hasta ahora. Ya sea vía Soraya Sáenz de Santamaría que no tiene porque ser la primera imagen recurrente, algún perfil vasco, el peso de Galicia y una Andalucía ahora con mando en plaza, pueden configurar esa vía de escape al extraño callejón de dudosa salida al que ha llevado el mensaje de crispación.

Ahora bien, el porqué se producirá esa debacle es la causa del análisis que politólogos y expertos en comunicación tratan de descifrar, ya que su principal consecuencia será la pérdida de un valor fundamental en línea de flotación del Partido Popular, que no es otro que la abstención de un electorado que hasta ahora había sido absolutamente leal y fiable. Ya sea por edad o por no entender una política de crispación que lleva a enfrentamientos que les hacen recordar episodios históricos de manera más preocupante que la exhumación de Franco, lo cierto es que sencillamente no quieren participar de esta batalla que enfrenta a sus hijos con sus nietos.

Ya no se trata de que el voto de izquierdas esté despertando, que la probable no abstención natural entre los votantes de izquierdas sea ahora el gran motivo de preocupación de la derecha, sino de que están siendo abocados a un ciclo tan crítico como el que vivió el PSOE en sus peores tiempos, pero ¿será el PP capaz de sobrevivirlo? ¿Cuánto durará?


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