El mundo en el bolsillo

Domingo, 16 de Diciembre de 2018

El mundo en el bolsillo

07 de Noviembre de 2018 12:09h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Hoy es uno de esos días gafes. Por primera vez en mi vida he perdido el móvil, que es como decir adiós a casi toda la información que posees. Agenda, correos, contactos, fotos, videos, y todo lo que se mueve en las redes se fuera por la taza del inodoro, sin necesidad de tirar de la cadena.


Automáticamente he tenido la ocasión de comprobar lo indefensos que nos encontramos los usuarios de dicho medio. Tras hablar repetidamente con la maquinita, he podido bloquearlo para que después no me pasen una factura astronómica de la que además me culparían a mí, como víctima.


Todo ocurrió en un taxi, un martes 30 de Noviembre, y que hizo honor al refrán “ni te cases, ni te embarques” ante lo que llovía tuve que coger una unidad en la parada de la Avenida Blas Infante. El aparato que iba en el bolsillo de mi gabardina debió deslizarse suavemente en el asiento trasero y a partir de ahí nunca más se supo de su existencia.


Ni es mi lamento ni mi preocupación el haber perdido un objeto material que sirve para comunicarnos de mil y una formas; llevamos almacenado el mundo en el bolsillo y gracias a internet estás en comunicación con cualquiera del lugar más increíble; pero si el no poder recuperar, por mi culpa por supuesto muchas vivencias, sentimientos y emociones recopiladas a lo largo del tiempo.


No he sido el primero ni seré, estoy seguro el último en Algeciras en extraviar un móvil. Sí, en estas ocasiones, comprobamos quien está por la labor de ayudar, de echar mano y de estar dispuesto y aquellos otros que se desentienden y no me cuentes problemas, que no van conmigo.


También tenemos ocasión de constatar , los servicios que funcionan bien, y los que no hay manera de que resuelvan el más mínimo problema, ya que eres remitido a un programa con una voz impersonal , a un teléfono que nadie contesta o lo único que les importa es si tú estás interesado en comprar algo.
Lo cierto es que ante una situación en la que te sientes solo y aislado del resto del mundo, en la que es fundamental una respuesta rápida, lo que más que puedes hacer es bloquearlo. Me sentía extraño, con tanto silencio, sin llamadas ni mensajes, sin poder navegar por las redes sociales, que en ocasiones se convierten en todo lo contrario.


El teléfono no sonaba, no recibía mensajes, era como si hubiese desconectado del mundo, pero éste continuaba, como si yo no existiera. Si nos diéramos cuenta de ello, las cosas podrían ser de otra manera, si fuéramos capaces de utilizar los medios que las nuevas tecnologías nos ofrecen para hacernos la vida mejor, más fácil y hasta más felices.


Lo peligroso ocurre cuando no podemos pasar, diría vivir , sin estar enganchados al aparatito para ver qué ocurre a nuestro alrededor, si somos capaces de influir en nuestro entorno , si comprobamos que los demás nos necesitan o pasan mayúsculamente de nosotros.
Llegados este momento, seguro, que muchos de ustedes se preguntarán, como termina esta historia. Sí, como ya han adivinado, comprando un móvil nuevo, de esos que cada tres meses se quedan viejos, desfasados y antiguos. Dos horas y media en una tienda de un Centro Comercial , entre desbloqueos , activaciones y demás películas dignas del mejor cine de terror , que fue más asequible gracias a la amabilidad y la profesionalidad de Ana, por su amabilidad y profesionalidad.


No puedo evitar preguntarme, que habrá sido de mi antiguo móvil, si estará por ahí dando servicios con una nueva tarjeta, o desguazado por piezas por esos mundos perdidos.

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