Diálogos y monólogos

Martes, 22 de Octubre de 2019

Diálogos y monólogos

20 de Marzo de 2019 12:45h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Siempre es mucho mejor dialogar que no ser capaz de comunicarse y quedarse en el monólogo, en la mayoría de las ocasiones cansina y repetitiva. Onofre le contaba a su amigo Anacleto todo lo que le había ocurrido. Y su interlocutor le solía contestar con un temple y una paciencia franciscana, sin alterarse ni irritarse lo más mínimo, aunque lo que oyera le sorprendiera, le dejara perplejo o no le gustase.


Sabía que entre diálogos y monólogos, era él, el que le correspondía llevar las riendas de su vida, y que entre talentos y talantes, su energía estaba en aumento y superaba todo tipo de situaciones tormentosas e indicios de catástrofes, porque tenía la habilidad de cambiar las cosas para que les resultaran favorables.


Entre el pegar y el recibir, la mala nutrición y la dieta equilibrada, ser humanos o robots, tener relatos creativos o discursos aburridos, no podemos perder el tiempo en cuestiones inútiles e ilusionarnos con lo que merece la pena y emprender nuevos proyectos,
Aunque tengamos que aceptar la realidad tal y como es, debemos ser inteligentes y cultivar nuestra profesionalidad, sin quedarnos atrapados en la incompetencia. Muchas veces hacemos mal los cálculos y debemos replantearnos nuestras previsiones.


Podemos regalarnos cosas que mejoren nuestras vidas, no sentirnos agarrotados ni incapaces de movernos, superar los atascos y bloqueos, los insultos y escupitajos, relativizando las cosas, sin enfadarnos y no olvidarnos que siempre nos queda la palabra.
Debemos intentar pensar en lo importante y no vivir rehenes de lo urgente, liberándonos de algunas obligaciones que habíamos asumido por compromiso con los demás, y pensando que siempre pueden suceder algo mágico e inesperado en nuestras vidas.
Es deseable evitar las actuaciones y las conversaciones agitadas que vacían nuestras energías y no nos aportan nada, salvo malos ratos y disgustos.
No deberíamos dejar de contar hasta cien o hasta mil si fuera necesario y evitar las prisas y las vísceras.
Nunca podemos permitirnos el lujo de perder ocasiones para aprender de los demás y de nosotros mismos, de respetar que los otros pueden mantener otros criterios y opiniones., que seamos humildes para reconocer nuestras muchas equivocaciones.


Conviene que tengamos presente, que tras el esfuerzo metódico y ordenado suele llegar la recompensa, lejos de las repeticiones cansinas y sin sentido. Aunque nos parezca que somos demasiado duros con nosotros mismos, tener paciencia y perseverancia da, casi siempre, sus frutos.


A veces es preferible que demos un paso atrás, que corramos alocadamente hacia adelante sin saber dónde ir. Cuando avancemos, hemos de hacerlo con confianza y sabiendo cuales son nuestros objetivos y con qué medios contamos.


Hemos de guardarnos mucho de hablar, escribir o actuar cuando estemos cabreados, de colocar cosas en las redes sociales o de emprender una negociación, ya que tenemos muchas papeletas para que nos salga mal, y quedarnos en el insulto y la provocación, sin ser capaces de resolver los problemas.


La vida es un gran teatro pero no es un laboratorio, en la que aplicamos una formula y nos da un resultado. No podemos esperar que los demás hagan nuestro trabajo ni contentar a todo el mundo.

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