Aureliano Admirado

Miércoles, 18 de Julio de 2018

Aureliano Admirado

10 de Julio de 2018 12:50h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Si nos situamos fuera de la hipocresía, de la adulación y el halago, ganarse la admiración de las personas, requiere honestidad, trabajo duro y perseverancia. Eso es lo que había hecho Aureliano a lo largo y ancho de sus 48 años de vida.


Desde que nació hace casi cinco décadas en Langreo, había aprendido a conocer todas las tonalidades de verde y no temía nunca hacer algo distinto o diferente, porque Admirado tenía actitud y madera de líder. Estaba acostumbrado no solo a hablar sino actuar.
Sabía asumir su responsabilidad, sin miedo, inspirando, no intimidando, reconociendo sus equivocaciones y compartiendo sus aciertos y victorias. Siempre mantenía su integridad personal, a través de sus valores y creencias. Huía de la terquedad y estaba siempre dispuesto a dar su brazo a torcer.


AA buscaba el lado bueno de cada situación, inspirando confianza, esperanza y credibilidad. Era empático y se sensibilizaba con las necesidades y deseos de los demás. Ni mostraba favoritismos hacia nadie y trataba de ver los mejor de los demás, sin prestar atención a los detractores ni a la gente tóxica.


Era Admirado, porque sabía manejar exitosamente una gran vida personal y profesional. , sin quedarse atrapado en el trajín diario, de tal manera que los arboles le impidieran ver el bosque y vivía la vida con pasión. Se sentía orgulloso de su trabajo como psicólogo, convirtiendo en un verdadero placer y no en una tarea forzada.
Nuestro personaje, tenía claro que había un tiempo para pensar en el futuro, él lo había vivido desde su juventud y madurez, otro para vivirlo y disfrutarlo, que es en el que se encontraba e iba aprendiendo, que habría un tiempo en el que no podría hacer planes más allá del presente.
Una de las cosas que más levantaba la admiración de los demás era su actitud, su disposición de ayudar a los demás en cualquier tiempo y lugar y la otra era su valentía en decir lo que pensaba, sin adular a nadie y proponiendo cosas para mejorar la realidad.
Confiaba en la gente que le rodeaba, sabiendo delegar responsabilidades en función de las capacidades de cada cual, involucrándolas y desafiándolas sin abrumarlas., desde la amabilidad y el respeto y sin favoritismos.


Además predicaba con el ejemplo, porque hacía las cosas que los demás pretendía que ejecutarán, haciéndoles participar en la toma de decisiones, no importándonos demostrar nuestro amor por los otros, no como síntoma de debilidad sino de fortaleza.
Siempre estaba donde y cuando se le necesitaba, procurando corregir errores, pedir perdón ante las equivocaciones y no hacer de un acierto un triunfo de la soberbia., y procurando aprender de todo y de todos en cualquier circunstancia que se le presentara.


Aureliano era un luchador nato y perseveraba ante la adversidad, convirtiéndose ante los demás en una figura admirable. Era un gran observador de la realidad y siempre tenía el espíritu dispuesto a inventar algo útil y a trabajar incansablemente para resolver los problemas de la Comunidad.


Transmitía confianza a través de su lenguaje corporal y con sus palabras hacía que la gente se sintiera especial, y en sus relaciones e intervenciones procuraba, de manera natural ser ingenioso y encantador, sin afectaciones ni poses, con la naturalidad de quien se sabe seguro de lo que piensa y de lo que hace.

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