¡Arriba España! de bar

Miércoles, 23 de Enero de 2019

¡Arriba España! de bar

09 de Enero de 2019 20:45h

Javier A. Salvador, @jsalvadortp
Javier A. Salvador, @jsalvadortp

Les describo la escena.
Un grupo de unos ocho agentes del Cuerpo Nacional de Policía se presentan en el bar Los Sobrinos, en Almería capital. Son alrededor de las de las tres de la tarde de un martes cualquiera, bueno cualquiera no porque mientras en el resto de España se descojonan de frío aquí estamos a 18 grados y con un sol que ciega. Entran, se informan del menú, les dicen que tienen Gurullos y optan por el típico plato almeriense que ninguno de ellos conocía. Transcurre la comida con rapidez, y no tardan más de 20 minutos en almorzar. Nada de excesos y cada uno paga su cuenta. Es en el momento de empezar a salir a la calle uno de los cameros que atiende la zona de comedor, sin venir a cuento de nada, sin haber mediado conversación alguna sobre preferencias políticas en la mesa, va y le suelta a un agente ¡Arriba España! El policía se vuelve hacia el camarero, le deja claro que no tiene ninguna gracia el comentario y el otro insiste con  un “lo digo de verdad, que yo soy de esos”. Ni el agente ni sus compañeros le hacen el más mínimo caso y salen del local sin hacer mas gesto que el de un tímido buenas tardes, pero en sus caras se denota cierta molestia por lo que pueden entender que es una falsa creencia, demasiado generalizada, que ni les sienta bien en particular, ni realmente les conviene colectivamente.
El vestir un uniforme no implica ser de extrema derecha, y la falsa creencia de que el partido extremista que quiere expulsar 52.000 inmigrantes, derogar las políticas de igualdad y hasta las comunidades autónomas si les dejan, es la vía de escape de militares o miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es sencillamente mentira. Los habrá que simpaticen, pero no es algo que venga ni con la placa ni el estatus.
Extremistas los hay en todas partes, con uniforme o sin él, pero es la primera vez que en un bar o restaurante escucho a alguien un arriba España, como tampoco antes escuché nunca un viva la república ni nada por el estilo. Ni en Cataluña, en las muchas veces que he estado se ha despedido nadie de un local público con un arriba la independencia, como tampoco en el país vasco escuché nunca un gora ETA en una situación que podríamos denominar cotidiana.
Sencillamente esto se ha ido de madre, porque sin saber qué significa, implica o sus consecuencias, se ha generado una moda peligrosa en la que parece que es hasta bueno entender que si no te gusta lo hay, lo que toca es irse al extremo.
Lo más impactante de todo es que, salvo excepciones, quienes se están posicionando abiertamente en esta tendencia son los frustrados, los que no han conseguido las metas personales que su ego dictaba que debían haber conquistado, pero es ley de vida que ni seamos los más guapos por mucho que lo repitiesen nuestras abuelas, ni todos valemos para todo como casi todo padre piensa de su hijo.
En los próximos meses vamos a ser testigos de que nadie va a derogar nada, los ilegales van a seguir entrando y las políticas sociales no se van a tocar, porque por mucho que se levante el brazo o la voz, Vox sólo servirá para la investidura y poco más. Que no es poco. Pero aún así el momento social exige una cierta movilización que demuestre en las calles que la mayoría de este país no grita arriba España, que se ve en el problema de la inmigración un drama y no una invasión o que la violencia contra la mujer es un hecho, un problema social, y no una herramienta para hacer política barriobajera. Pero ahora toca decir en la calle lo que se ha callado en las urnas, que no olvidemos que la abstención y no los partidos políticos es la culpable de lo que suceda a partir de ahora.

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