La bomba de Palomares, ya han pasado 43 años

Lunes, 10 de Diciembre de 2018

La bomba de Palomares, ya han pasado 43 años

16 de Enero de 2009 21:31h

Las bombas de palomares se conservan en un museo
Las bombas de palomares se conservan en un museo

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Una de las bombas rescatadas junto a los responsables de la operaciónResiduos contaminados apilados en la playa de Palomares

TELEPRENSA.- El 17 de enero de 1966 dos aviones estadounideneses realizaban una operación de repostaje sobre el levante de la provincia de Almería. Se trataba de algo rutinaria tanto para las fuerzas áreas como para los vecinos de la zona, acostumbrados a ver ese tipo de maniobras sobre sus cabezas, aunque sin saber lo que periódicamente ocurría allí arriba. Pero en esa ocasión algo falló. Los aviones cocharon y una enorme masa de fuego comenzó a caer desde el cielo. Miles de fragmentos quedaron esparcidos entre mar y tierra, pero entre esos restos se encontaban cuatro bombas atómicas.
Popularmente conoce como Incidente de Palomares al accidente ocurrido aquel 17 de enero de 1966 en el que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos perdió un avión cisterna, un bombardero estratégico y las armas nucleares que transportaba este último.
Durante los primeros tres días el gobierno norteamericano ocultó que los aviones llevaban bombas nucleares. Envió 30 buques, 3.500 soldados, 130 buceadores, y 4 minisubmarinos junto con cuatro toneladas de equipamiento. El coste de la operación, llamada Flecha Rota, ascendió a 12,5 millones de dólares y dio a los americanos la oportunidad de poner a prueba nuevas tecnologías.

A lo largo de toda la operación los americanos se negaron a asumir públicamente la pérdida de una bomba nuclear. Tenían el silencio como respuesta cada vez que eran interrogados por la prensa. Ellos asumieron completamente la operación de recuperación de la bomba y el régimen franquista se mantuvo al margen durante todo el proceso. La búsqueda fue muy minuciosa, probablemente no tanto por el riesgo de contaminación sino por el hecho de que otro país pudiera encontrar primero la bomba y las cajas negras. Los habitantes de Palomares se dieron también pronto cuenta de que el gobierno español tampoco quería hablar sobre el accidente. Incluso la Junta de Energía Nuclear parecía estar ajena al proceso aunque sí puso en práctica un plan especial llamado Proyecto Indalo para hacer un seguimiento de la población hasta l985. El gobierno español y la Junta de Energía Nuclear estaban tan a favor de seguir órdenes norteamericanas con respecto al accidente que incluso reprocharon a la población de estar abusando al solicitar compensación económica. La delegación norteamericana estableció una oficina, con un abogado, para pagar esta compensacione a los habitantes (150 pts/día), siguiendo exclusivamente criterios propios. Con respecto a las compensaciones a largo plazo, los americanos redujeron la cantidad que se había establecido y las autoridades españolas no dijeron nada al respecto.
Pero, además del problema de contaminación, había un segundo problema, el de la confrontación de dos culturas muy diferentes en el mismo pequeño territorio durante casi tres meses. Tanto los americanos como los españoles se mantenían alejados unos de otros y no se mezclaban. Como no podían entenderse, la confusión fue el rasgo psicológico más extendido entre ambos.


El accidente

En el accidente de Almería se vieron implicados un bombardero estratégico norteamericano B-52 y un KC-135 de reaprovisionamiento en vuelo (cargado con 110.000 litros de combustible) que colisionaron a 30.000 pies sobre la costa del Mediterráneo mientras intentaban practicar esta operación en el transcurso de unas maniobras de la Fuerza Aérea Norteamericana. Un error provocó que el bombardero volara demasiado bajo, lo que causó que chocara con la panza de la otra aeronave. Este accidente se produjo cuando estos aviones volvían desde Turquía destino a su base en Carolina del Norte. Ambos aviones se desintegraron instantáneamente y cayeron en llamas entre la tierra y la mar. Siete tripulantes resultaron muertos y cuatro lograron saltar en paracaídas.

El B-52 transportaba al menos cuatro, y puede que cinco, bombas termonucleares B28 de 1,5 megatones. Dos de ellas quedaron intactas, una en tierra y otra en el mar. Las dos bombas restantes cayeron cerca del pueblo y explotó el detonante convencional que portan para conseguir la primera reacción nuclear. Estas explosiones convencionales esparciendo unos 20 kilogramos de plutonio altamente radiactivo por los alrededores.

Los tripulantes que lograron salvar la vida fueron rescatados sin problemas y se mostraron sorprendidos de que las bombas no hubiesen explotado. En realidad la reacción en cadena, que desencadena la explosión nuclear, no se produjo gracias a un dispositivo o sistema aún mantenido bajo secreto.

El rescate de los artefactos

Aunque los artefactos caídos en tierra no supusieron especial peligro (todo lo que podían haber hecho ya estaba consumado) el ingenio perdido en el agua podía seguir intacto e incluso recuperado por algún país, en especial la antigua Unión Soviética; por lo que la Armada de los Estados Unidos desplegó un gran dispositivo con varios barcos, buceadores y sumergibles. Finalmente tras 80 días de búsqueda[1] la bomba fue localizada por el minisubmarino Alvin a 869 metros de profundidad y 5 millas de la costa gracias a la ayuda de un pescador local, llamado Francisco Simó Orts, vecino de Águilas que observó el accidente y guió a los marines hasta el lugar donde cayó la bomba; desde este día a Francisco se le conoce en al zona como "Paco el de la Bomba".[2] El rescate efectivo de la bomba sumergida se realizó gracias a un ingenio denominado "CURV" utilizado habitualmente para recuperar torpedos del fondo marino.

La recuperación y limpieza de las armas caídas a tierra supuso otro tipo de dispositivo. Varios miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos se presentaron en las cercanías del pueblo equipados con trajes NBQ. Durante varios días permanecieron en la zona, retirando la arena contaminada de 25 000 metros cuadrados de suelo.

Las operaciones le costaron al ejército norteamericano 80 millones de dólares de la época, retirando 1.400 toneladas de tierra y tomateras que fueron transportadas a Savannah River. Se calcula que el 15% del plutonio, unos 3kg en estado natural, en óxidos y en nitratos, quedó esparcido en forma pulverizada y fue irrecuperable [cita requerida] . Actualmente, Palomares es la localidad más radiactiva de España [cita requerida] . Manuel Fraga Iribarne, ministro de información y turismo de la época, se bañó ante las cámaras en sus playas para evitar rumores sobre la peligrosidad de la zona, que podrían haber afectado negativamente al turismo.

Las repercusiones del incidente

El gobierno franquista tampoco suministró protección de ninguna clase a los guardias civiles que participaron en la limpieza, protección que sí llevaba el personal norteamericano. El plutonio-239 es el utilizado para las armas nucleares emite radiación alfa y tiene una vida media de 24.100 años. No se han realizado estudios epidemiológicos sobre enfermedades asociadas a la radiactividad y a la toxicidad química del plutonio ni a nivel local ni entre los guardias civiles que participaron en la limpieza. La dictadura, bajo presión del Gobierno estadounidense, mantuvo secretos los informes de monitorización médica hasta que el gobierno socialista finalmente los desclasificó en 1986[cita requerida]. Aproximadamente el 29% de la población de Palomares presentaba trazas de plutonio radiactivo en su organismo[cita requerida]. En la actualidad hay alguna urbanización turística por los alrededores, lo bastante cerca como para que los coches pasen levantando polvo que entra en el circuito del aire acondicionado, por ello el Consejo de Seguridad Nuclear ha prohibido la construcción en las zonas más afectadas.

Recientes mediciones relativas a la presencia de plutonio radiactivo (que se disuelve muy mal en el agua) en el plancton del Mediterráneo español han hecho pensar a muchos científicos que hubo una quinta bomba, nunca recuperada y ocultada por los Estados Unidos a los gobiernos de la democracia.

Un accidente similar ocurrió el 21 de enero de 1968 en la Base Aérea de Thule, en Groenlandia. Un accidente en pista provocó el incendio y posterior explosión del B52, que llevaba 4 bombas B28 como las de Palomares. Aquí sí se hizo estudio epidemiológico y la tasa de cáncer entre los trabajadores que participaron en la limpieza era un 50% superior a la de la población general. Hubo también informes de esterilidad y otros trastornos asociados a la radiactividad.

Palomares es el accidente broken arrow (pérdida total de armas nucleares) más grave de la historia, que se conozca. Ya en 1961 había ocurrido otro broken arrow en Carolina del Norte, en este caso con dos bombas de uranio.

Existían en la zona del incidente rumores que hablan que cuando Manuel Fraga Iribarne y el embajador americano acudieron a darse el famoso baño, éste no se produjo en las playas de la zona accidentada (Palomares), sino en Mojácar (a 15 kilómetros, aproximadamente, del lugar del accidente), frente al Parador Nacional de ésta localidad[cita requerida]. La realidad, no obstante, es que se realizaron dos baños, el primero, efectivamente en Mojácar, en el que solamente se bañó el embajador norteamericano Angie B. Duke y alguno de sus acompañantes y un segundo baño, ya en la playa de Quitapellejos en Palomares, donde de nuevo el embajador se bañó acompañado por el Ministro de Información y Turismo de entonces, Manuel Fraga Iribarne.

Palomares en el cine

En la película Hombres de honor de George Tillman Jr. el actor Cuba Gooding Jr. interpreta a uno de los buceadores que participaron en el rescate de la bomba perdida en el mar. Así mismo aparece algo del dispositivo naval desplegado y el nerviosismo de los militares estadounidenese al declararse código Broken arrow ; sin embargo no menciona en absoluto la contribución de Paco el de la bomba y se muestra parte de la operación de rescate en el mar desde el punto de vista espectacular de Hollywood.

En 2007, la productora almeriense Pitaco Producciones realiza un documental de título "Operación Flecha Rota" con material audiovisual desclasificado en los últimos años. En él, se analiza el accidente y sus consecuencias, se entrevista por primera vez al piloto que estaba a los mandos del B52 siniestrado, se recrea en 3D el accidente en base al informe oficial de la USAF y se culmina el trabajo epidemiológico del Dr Martínez Pinilla. La dirección y el guión corre a cargo de José Herrera con la producción de Antonio Sánchez Picón.

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