"La venganza de Don Mendo": maestría escénica en Andújar
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"La venganza de Don Mendo": maestría escénica en Andújar

07 de Julio de 2014 14:07h


L.B.- El Teatro Principal de Andújar se vistió de medieval, con una cuidada escenografía, el pasado domingo de la mano del Aula de Teatro de Adultos de la ciudad, demostrando con gran maestría las altas cualidades escénicas de cada uno de los actores que pasaron por las tablas.

Un elenco variado de vecinos del pueblo, personajes corrientes que tuvieron la oportunidad de mostrar al público un gran trabajo fruto del esfuerzo de un año entero de aprendizaje.

Esperanza de amor por el teatro, con tintes de grandes actores y actrices, entre los que destacan protagonista Don Mendo, hilarante y cómico, el actor que encarnó al personaje, José Antonio Muños, hizo alarde de sus capacidades arrancando con cada gesto la carcajada de un público totalmente entregado a la obra.

Al brillo de Don Mendo, lo acompañó el de Magdalena, otra de las protagonistas de la comedia, cuya encargada de llevarla a las tablas, María Casas, no escatimo en destreza, arrancando sonrisas y aplausos. Su incondicional acompañantes, Doña Ramírez, Mayca del Moral, consejera, guardiana de los secretos de la protagonista, resabida y crítica, consiguió situar al personaje en el lugar que se merece.

Víctima de los devenires amorosos de Magdalena, Don Nuño (Juan José González), su padre, y Don Pero (Antonio Herrada), su marido, fueron los encargados de llevar a escena las situaciones más surrealistas del texto, cuya representación dio una clase magistral de comedia, con un complicado texto con el que supieron conquistar los oídos del auditorio.

Al Marqués de Moncada, le debemos una de las mejores carcajadas de la obra, y es que su actor, Antonio Caño, con un ingeniosos mohín constante, bordó su representación con un humor y presencia estelares.

Y no olvidar, la exótica representación de Azofaifa, Sonia García, la desengañada mora, que consiguió trasmitir el misticismo del personaje sin perder ni un solo segundo la comicidad, o Don Alfonso, leal soldado, con menor papel no sin ello menor brillo sobre el escenario. Así, una sentida enhorabuena a los secundarios y dobletes, imprescindibles en la contextualización de la obra.

De recibo es reconocer la destreza en el recitar de todos y cada unos de los personajes, un texto en verso, con retorcidas deformaciones del lenguaje pero que siempre consiguieron su objetivo: esbozar una sonrisa en el patio de butacas. 

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