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¡Viva el rey! ¿Allá donde viva?

Mar, 04/08/2020 - 16:57
Javier A. Salvador, teleprensa.com

 

Los españoles que viven en República Dominicana no se han extrañado en absoluto de que Juan Carlos de Borbón esté en el país caribeño, de hecho  hablan de propiedades inmensas en la isla que, la verdad, ya ni vale la pena confirmar que existan con tal de no conocer la procedencia del dinero con el que se compraron o a nombre de qué entramado de sociedades pudiesen estar, pero lo cierto es que la historia de España está repleta de caídas y llegadas de periodos monárquicos y parece que podemos estar a las puertas de uno de ellos.

Cuando hace un montón de años su hijo, Felipe de Borbón, se acercó a una joven, creo que en San Sebastián, mientras ella gritaba algo así como viva la república o abajo la monarquía, y habló con la chica sosegadamente no sólo dio un buen ejemplo de capacidad de diálogo, sino que posiblemente vaticinaba un futuro no tan lejano cuando le contestó a la manifestante que “todo se podrá hablar”.

Lo cierto es que gritar ahora eso de ¡Viva el rey! está condicionado a saber si se piensa lo mismo viva donde viva. Si pensamos lo mismo cuando uno de los suyos cumple condena por algo que, ya sabemos, no eran negocios extraños en el entorno, y peor aún después de que todo el país tenga que tragar con la certeza de que el entonces Rey de España, el Jefe del Estado, tenía una rubísima amiguísima a la que se llevaba o con la que coincidía en hasta actos protocolarios en el extranjero, compartiendo fotos con su hija y yerno.

No sé si un rey debe ser extremadamente rico para que su posición tenga el peso debido entre la población, porque ciertamente sólo respetamos a aquellos con quienes nos separa una enorme distancia y, casi siempre, es el dinero lo que construye esa barrera, pero también creo que a un rey del montoncillo, pobretón, no le hubiésemos tenido el más mínimo respeto.

Esto, no lo olvidemos, es España.

Y dicho esto, el dinero se puede hacer de mil maneras a las que una Casa Real puede acceder sin tener que llegar a los extremos que se dice que hemos llegado en España, porque cruzar esas líneas rojas es ya otra cosa, es querer superar a una élite mundial que, sencillamente, no tiene demasiado sentido en el normal entendimiento del común de los mortales.

Ahora si es el momento de hacer uso de nuestra memoria histórica, analizar muy bien lo que falló en otras etapas del pasado y trabajar en un nuevo modelo constituyente en el que ya sea el federalismo, sin necesidad de tener un rey sin corona que es lo que aporta en definitiva una república, o cualquier otra forma de Estado que deje atrás una monarquía que no aporta demasiada calma y sosiego a un país que en, en estos momentos, no está precisamente para estos trotes.

No puede haber perdón y la solución no es sentar a un rey en un banquillo, ni tan siquiera ante un juez o un fiscal a declarar.

Todos entendemos que el actual monarca puede tener otra pinta, que intenta ser útil, pero este mundo está plagado de ejemplos en los que muchos justos pagan por pecadores, y su mayor utilidad para con el país debe ser, sin otra posibilidad, someterse al juicio popular. Eso sí sería un claro ejemplo de amar a España.

Pero por encima de todo y conociendo el carácter del anciano ex Jefe del Estado, que nadie olvide otra cosa. Lo primero que estamos en el mes de agosto y que ya se avisa de que podría volver de cara a septiembre. Es decir, que todavía regresa tras las vacaciones y nos canta eso de “No estaba muerto, estaba de parranda”.

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