Y nos importa una mierda
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Y nos importa una mierda

10 de Enero de 2018 13:29h

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

Hace exactamente dos años, un diez de enero similar al de hoy, en Barcelona se invistió a Carles Puigdemont como 130º presidente de la Generalitat de Catalunya. Sólo dos años han dado de si portadas de todos los colores y han llevado a esa comunidad, hasta hoy mismo, a la portada de todos los periódicos nacionales e internacionales (“Separatistas catalanes acuerdan reelegir a Puigdemont” podemos leer hoy en EE.UU.), convirtiéndonos en un país inestable políticamente, con un gobierno incapaz de solucionar una crisis territorial y más preocupado por tapar la intemerata de casos de corrupción que tienen a sus cargos públicos del banquillo de los acusados a las salas de comisiones de investigación del Congreso y vuelta a los juzgados. Y nos importa una soberana mierda.

Y si, entiendo que no es correcto escribir lo que podemos denominar palabras mal sonantes, pero un día después de que todo un ex vicepresidente del Gobierno y ex gerente del Fondo Monetario Internacional que acabó fundando y presidiendo Bankia, diga que cuatro ministros del PP urdieron un complot para meterlo en la cárcel, lo de correcto o no correcto pasa a un segundo plano, y si quieren hasta un cuarto o quinto plano, porque sencillamente hemos perdido el norte.

Se nos va a caer la cara de vergüenza cuando en unos días se constituya un Parlament en Cataluña con un presidente en Bruselas, y puede que a un vecino del barrio de la colonia de Los Ángeles, en Almería capital, que cobra 1200 euros al mes a sus 57 años y con dos hijos en la universidad, le importe una soberana mierda mientras en su banco reciba mensualmente su sueldo, pero tenemos que ser capaces de entender que sí nos afecta y que si no actuamos como colectivo, como país, esos 1200 euros que pese a ser insuficientes son el pilar de su tranquilidad vital, pueden llegar a peligrar. No mañana, pero puede que en un horizonte no muy lejano.

La gresca política está bien, es divertida para nosotros, los medios de comunicación, pero siempre acarrea unas consecuencias económicas, mas pronto que tarde, que al final siempre pagan los mismos, ya vivan en la Colonia de Los Ángeles de Almería o el barrio de Vallecas de Madrid. Lo que tenemos que tener claro es que no a todas las capas sociales les va a afectar de igual manera y esa es la tecla que hace falta tocar, porque vivimos absorbidos por la falsa esperanza de que ya queda menos para que todo vuelva a ser como hace diez o doce años. Y sencillamente no volverá a ser así, porque sí, bajan las cifras del paro, pero a qué precio, qué cobra ahora cualquier nuevo trabajador de una empresa.

Las elecciones catalanas nos han enseñado una cosa muy clara, y es que el escenario político ha cambiado, que son otras las fuerzas que deben sentarse en los sillones de la responsabilidad y que partidos como el PP, con sus rajoys, Bárcenas y ratos, están condenados a desaparecer porque sencillamente van a ser sustituidos por Ciudadanos.

La pregunta es, tenemos que movilizarnos para que ese cambio se produzca ya, que se adelanten las elecciones generales, o nos va a seguir importando una mierda todo lo que pase de aquí a tres años vista mientras sigamos cobrando un sueldo a final de mes. Una escritora rusa definió el futuro como ese estado en el que esperamos que suceda cualquier cosa, y nunca estamos preparados para nada. Lo jodido es que ni en dos años hemos aprendido nada de Cataluña, ni en trescientos que nuestro futuro depende de las decisiones que tomamos hoy.

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