Tiburcio Comunicativo
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Tiburcio Comunicativo

11 de Enero de 2017 18:25h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

A pesar de que su nombre sonaba a añejo era un tipo joven e inquieto. Como representante del sindicato estudiantil había repartido cientos, miles, millones de folletos y panfletos y tenía una especial empatía con la gente. Miraba a la cara sin titubeos, timideces y miedos y hablaba con la claridad de quien sabe lo que piensa y quiere.

Tiburcio odiaba los intereses oscuros de los mediocres del tiovivo político,  y detestaba las discusiones innecesarias de los que por todos los medios posibles e imposibles evitan doblar el espinazo o el hacer oposición con las vísceras y emociones sin reparar en las razones.

 Entre alias, apodos y seudónimos, anfitriones y homenajeados, aprenderes y saberes, pensamientos que no inspiran y esfuerzos que no expiran, cálidos rincones y frías esquinas, Comunicativo tenía claro que el final de un relato podía ser el principio de un cuento.

A Tiburcio  le respetaban todos porque el a todos trataba con exquisita educación. No utilizando ninguna información en contra de nadie, propiciando acuerdos y evitando enfrentamientos, moviéndose entre realidades y no mitificando los espejismos y compartiendo confidencias y momentos agradables.

Era consciente que en la vida real no existen las cosas ideales aunque las persigamos y que entre alucinaciones y ocultaciones, sometimientos y competiciones, necesitamos desarrollar nuevas estrategias para conseguir nuestros objetivos.

Las buenas oportunidades no podían quedarse en un conjunto de normas y consejos sino en iniciativas que provocaran cambios en los demás y movilizaran a quienes les rodeaban. Estaba en racha y con la suerte de cara, y buscaba siempre oportunidades que le hicieran divertirse y no dejara sonreír en la vida.

Tiburcio Comunicativo sabía que tras la tempestad viene la calma y que tenía que zanjar sin dilación asuntos del pasado que le mantenían atado , que entre salidas y llegadas , idas y regresos , debía medir sus palabras pues sus comentarios podían ser malentendidos. Tenía que resolver sus conflictos sin traumas y desde el diálogo y aunque las cosas no fueran tan sencillas poseía todo lo que necesitaba para salir adelante.

Sabía que  pesar de sus dotes empáticas, tenía defensores y detractores, gente  que le apreciaba con sinceridad y otros que no le profesaban ninguna simpatía. Huía de los discursos vacíos y de las falsas polémicas y evitaba a quienes desde la intransigencia se negaban a ver la realidad con otros ojos.

En su autonomía, volaba por su cuenta, organizaba su vida para disfrutar y tomaba decisiones desde la libertad. Buscaba siempre introducir un poco de diversión en su vida y procuraba no atarse a responsabilidades que le convirtieran en prisionero de sus necesidades.

Su poder de seducción a veces alcanzaba límites insospechados, y prefería a los amigos que se atrevían a decirle aquellas verdades que el ignoraba o era incapaz de ver. No entendía la vida sin que sucediera nada o envuelto en un pequeño círculo sino que necesitaba contemplar en toda su amplitud.

Entre triunfos, pactos y rendiciones, tenía la paciencia y la cautela necesarias para no precipitarse, ni hacer tañer las campanas o lanzar las cometas al vuelo para alejarse de la realidad y quedaba fascinado por toda la belleza que le rodeaba.

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